¿Qué es la Seguridad Nacional para México?

Es condición para el desarrollo de la vida y el desarrollo nacional

Por Jonathan R. Maza.

Cuando me han preguntado qué es Seguridad Nacional, a mis amigos, familiares y conocidos les respondo que, la manera más sencilla de ejemplificarla, es como la “condición de vida“ que provee un ambiente para el desarrollo de todos los ámbitos de la vida y el desarrollo nacional.

La definición que se analiza en los estudios de Seguridad Nacional en México es que se trata de una una condición que garantiza la integridad territorial, independencia, soberanía, estado de derecho, estabilidad política, social, económica y el logro de los objetivos nacionales.

Se trata de una condición de vida que abarca todos los aspectos del Desarrollo Nacional, tanto políticos, sociales, económicos, militares, tecnológicos y diplomáticos. Es una condición de vida que crea un entorno adecuado político, social, legal, económico, cultural y ambiental.

Por lo que al involucrar a toda la vida nacional, nos involucra a todos: ciudadanos, gobiernos (federal, estatales y municipios), sectores productivos (industrias, comercios, servicios, medios de comunicación, etc.) por lo que la Seguridad Nacional es fundamental y muy importante.

A veces, la seguridad nacional suele ser confundida con la seguridad pública y no son lo mismo. La seguridad pública no abarca todos los ámbitos y aspectos que sí tiene la seguridad nacional, sin embargo, cuando hablamos de seguridad pública nos referimos a una parte de ese todo, es decir, de manera específica se trata de la seguridad de la vida y el patrimonio de las personas, así como de la investigación y persecución de los delitos e impartición de la justicia.

Como podemos ver, cuando nos referimos entonces a la finalidad de la Seguridad Nacional, se trata de crear ese entorno adecuado, pero ¿cómo lo vamos a generar? A través del Desarrollo Nacional y éste, a su vez, mediante el cumplimiento de los Objetivos Nacionales plasmados en la Constitución y desarrollados en objetivos coyunturales en el Plan Nacional de Desarrollo (PND)” de una administración gubernamental a nivel federal, por el cuál votaron democráticamente los mexicanos en cada elección presidencial.

Por ello, así como el Desarrollo Nacional es fundamental y por eso está contemplado en nuestra Constitución su planeación estratégica de manera democrática, en el artículo 26, que se plasma en cada Plan Nacional de Desarrollo, ahora es indispensable que incluyamos la planeación estratégica de carácter democrática de nuestra Seguridad Nacional, que hasta ahora no se encuentra contemplada. Pero es necesario que esta planeación sea de mayor alcance, que trascienda una planeación sexenal y que no solo se trate de la seguridad de un régimen o gobierno, sino de toda la nación en su presente y futuro, es decir, que contenga en su planeación la prospectiva estratégica de escenarios.

Por ejemplo, la pandemia del nuevo coronavirus SARS-Cov-2 que provoca la enfermedad conocida con el nombre de COVID-19, nos ha mostrado la catástrofe que es una pandemia para el mundo, que en México sigue afectando la salud de cientos de miles de ciudadanos y que tiene repercusiones en el deterioro de la actividad productiva y la economía nacional, que ha derivado en la pérdida masiva de fuentes de trabajo, por lo que los gobiernos, para atender tal emergencia, han tenido que reorientar el gasto público a acciones inmediatas para mitigar las consecuencias y minimizar su impacto. Lo anterior, ha dejado estragos presupuestales, donde los planes e inversiones necesarias en otros rubros como la seguridad publica y programas sociales han pasado a segundo término de importancia ante el tamaño de semejante emergencia.

Precisamente ese es un ejemplo del potencial de afectación e impacto de los riesgos y amenazas a la Seguridad Nacional, mismos que deben ser identificados a tiempo para elaborar y diseñar políticas preventivas y de mitigación ante posibles afectaciones. Por lo tanto, es urgente que en México articulemos constitucionalmente a todos los actores de la vida y el desarrollo nacional, con la participación de las instituciones gubernamentales, la iniciativa privada y la sociedad, frente a los potenciales riesgos y amenazas que puedan atentar contra nuestra Seguridad Nacional, es decir, que vulneren a la condición indispensable que garantiza nuestro desarrollo armonioso y sin obstáculos de la vida y el Desarrollo Nacional.

Necesitamos difundir y comprender que los riesgos y amenazas a la Seguridad Nacional de México no tienen color partidista, por ejemplo, por mencionar algunas como la delincuencia organizada, las afectaciones al medio de ambiente a causa del cambio climático, la escasez de recursos energéticos y del agua, así como posibles epidemias y pandemias, deberían ser temas de unidad entre mexicanos, asuntos que convoquen a la unidad nacional para reconocer que necesitamos de todos para planear estratégicamente cómo enfrentaremos este tipo de retos actuales y futuros, pues de cómo decidamos abordarlos, unidos o polarizados, dependen la vida y el desarrollo de 127 millones de mexicanos.

Por último, es necesario hacer mención especial al respecto de este tema, que la Seguridad Nacional se estudia con una verdadera perspectiva de Estado en las instituciones educativas militares mexicanas, como el Colegio de Defensa Nacional (SEDENA) y el Centro de Estudios Superiores Navales (SEMAR), recintos en los que en estrecha colaboración entre civiles y militares se analizan y elaboran propuestas para fortalecer a México, a sus instituciones y procurar una vida digna para los mexicanos.

EE.UU. en crisis y la oportunidad para México

México tiene vocación diplomática y una posición geopolítica envidiable

Por Jonathan R. Maza.

Las tensiones entre EE. UU. y China continuarán durante la administración del Presidente Joe Biden. Es un hecho que la nueva administración no tiene incentivos para cambiar drásticamente su postura y estrategia frente al gigante asiático, que representa un desafío como potencia regional con aspiraciones a ser una potencia mundial. Lo anterior, es consecuencia de un reacomodo político al interior de los Estados Unidos de América y por la polarización política-electoral de su población, atribuible a las recientes elecciones presidenciales y al auge del nacionalpopulismo que representó eficazmente la era Trump.

También, existen otras causas que agudizan las presiones internas con consecuencias en la política exterior estadounidense, como el fin de un prolongado paradigma político que dominó la vida pública, al menos desde mediados del siglo XX hasta ahora, y que actualmente, por primera vez en su historia, coinciden el fin de dos grandes ciclos, por un lado el paradigma o ciclo político y por el otro el ciclo económico, tal y como lo ha explicado en numerosas publicaciones el analista geopolítico George Friedman.

Lo anterior, significa que la política interior de la hasta ahora única potencia mundial, ha obligado a la clase política y tomadores de decisiones a mover sus posiciones y propuestas electorales hacia posturas más duras, más claras y, sobre todo, en un contexto de competencia y tensiones geopolíticas, a posiciones menos cooperativas en política exterior, especialmente con China, Rusia, Irán y otros países. Lo anterior, dificultará el arranque de la administración de Biden, a menos de que reconstruya lazos de cooperación con sus aliados tradicionales, deteriorados durante la administración de Trump, y que además mejore las relaciones con países clave como México, su socio estratégico regional, que ahora tendrá una activa participación en el multilateralismo internacional.

México es una potencia media, con una vocación diplomática extraordinaria, orientada a la mediación y la cooperación, con una posición geopolítica envidiable, y que en este 2021, cuenta con más herramientas en sus campos diplomático y político para desplegar acciones que tiendan a posicionar sus intereses y objetivos nacionales en los organismos internacionales en los que forma parte y que son pertinentes a las grandes preocupaciones del bloque regional de Norteamérica, por su integración comercial y de cadenas de valor regional de sectores productivos industriales y tecnológicos, además del natural liderazgo regional que ejerce en América Latina y el Caribe, especialmente en Centroamérica, en donde comparte preocupaciones y temas de seguridad, migración y prosperidad regional en su frontera sur.

Desde finales del año 2020, México ocupa un lugar en organismos multilaterales de carácter estratégico para la paz, seguridad y justicia internacional, por ejemplo, fungirá como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU durante el periodo 2021-2022 y podrá servir como enlace con la Corte Penal Internacional, donde acaba de ser nombrada jueza la mexicana Socorro Flores. Con estas posiciones, podrá desempeñar un rol mediador e influyente en las instituciones del orden internacional.

Esta posición en el ámbito exterior pone al país ante grandes oportunidades y frente a retos de los cuales puede obtener beneficios, mientras que los riesgos y amenazas se originan más en el ámbito interno, tales como el crimen organizado que continua imponiendo riesgos a la gobernabilidad y la seguridad interior, así como riesgos económicos y sociales derivados de la precaria situación económica de la población, que con la pandemia por Covid-19 incrementó y aceleró la debacle de la economía con pérdidas masivas de empleos y fuentes de trabajo para millones de mexicanos.

Por ello, México debe poner especial atención en articular efectiva y estratégicamente sus capacidades de política exterior con los objetivos de seguridad interior, para que su presencia y participación en organismos como el Consejo de Seguridad de la ONU logren influir determinadamente en frenar el tráfico de armas pequeñas y ligeras, mediante controles más estrictos. Estas acciones pondrían un acento en la agenda bilateral México-EE. UU. en materia de seguridad con la nueva administración de Biden, para facilitar el logro de un objetivo muy importante, el de detener el flujo de armas a grupos del crimen organizado presentes en territorio mexicano.

Por estas razones, es relevante hacer notar la estrecha coordinación existente entre la Misión Permanente de México en Nueva York y las Secretarías de Estado de Marina y Defensa Nacional, ya que esta quinta ocasión en la que México ocupa un asiento en el Consejo de Seguridad, coincide ahora con la participación de elementos militares de México en Operaciones para el Mantenimiento de la Paz (OMP) de las Naciones Unidas, un indicio de la cada vez más relevante coordinación de las Fuerzas Armadas con asuntos de política exterior y su profesionalización en asuntos internacionales, exigencias naturales para un país que, a pesar de las dificultades coyunturales internas, está desarrollándose naturalmente para consolidar su posición como potencia media, lo que podrá abrir escenarios de diversificación de relaciones internacionales, comerciales estratégicas y de seguridad con otros países y regiones en el mundo, especialmente con Asia, que es clave en la construcción del nuevo orden internacional necesario ahora.

Análisis retrospectivo

En un artículo que publiqué exactamente hace 4 años, que se titulaba “Trump: La oportunidad para México“ (https://www.e-consulta.com/opinion/2017-01-19/trump-la-oportunidad-para-mexico) explicaba cuáles eran las razones por las que Donald Trump representaba uno de nuestros mayores desafíos como país, aunque también una portunidad: “Los Estados Unidos de América permanecerán al norte de nuestra frontera, Trump se tendrá que ir como su presidente en algún momento, definamos cómo queremos ser y que rol queremos tener con nuestra vecina nación cuando su nuevo presidente se haya marchado.“, y finalmente se fue.

La relación México-E.U.A. y la Seguridad Nacional rumbo al 2021

MÉXICO, D.F., 05MARZO2012.- Joseph Biden, Vicepresidente de los Estados Unidos, durante la reunión que mantuvo con Andres Manuel Lopez Obrador, precandidato a las presidencia de la República por el PRD, PT y MC en un conocido hotel de la avenida Reforma. FOTO: CUARTOSCURO.COM

“Partir de la premisa de que, México tiene como vecino a la potencia mundial más importante en la historia de la humanidad, es estratégicamente relevante cuando se diseñan y ejecutan los planes, programas, las políticas públicas y acciones de seguridad.“

Por Jonathan R. Maza

La relación entre México y E.U.A siempre ha sido compleja e interdependiente en diferente medida, dependendiendo la época y las agendas, sin embargo, en materia de seguridad y defensa lo es aún más. Por ello, partir de la premisa de que, México tiene como vecino a la potencia mundial más importante en la historia de la humanidad, es estratégicamente relevante cuando se diseñan y ejecutan los planes, programas, las políticas públicas y acciones de seguridad.

Por otro lado, en México nos encontramos en una nueva coyuntura, acompañando los recientes acontecimientos de los campos político, diplomático y militar de los E.U.A. Por un lado, el triunfo del presidente electo Joe Biden con su próximo cambio de gobierno y política exterior, mientras que por otro lado, las fricciones entre las agencias estadounidenses con el Gobierno de México por los últimos acontecimientos: caravanas migrantes, Ovidio Guzmán, la familia Le Barón y el caso Cienfuegos.

La complejidad de nuestra relación bilateral pasa al mismo tiempo por temas de naturaleza económica, política y de seguridad, y la mezcla de temas es una piedra en el camino al momento de negociar, lo cual dificulta la toma de acuerdos. Esta fue la nota característica durante toda la administración del presidente Trump, por lo que la diplomacia mexicana tuvo un papel fundamental en manejar con cautela y estrategia las relaciones en todos esos ámbitos de cooperación.

En la actualidad y a partir de enero de 2021, estos son los temas más relevantes entre México y E.U.A., según lo publicado por el presidente electo Joe Biden acerca de la reciente llamada con el presidente Andrés Manuel López Obrador: seguridad, comercio (T-MEC), recuperación económica pos COVID-19, migración y ahora se añadirá con mayor énfasis, la agenda ambiental, energías limpias y el multilateralismo.

La agenda de cooperación en seguridad, que es amplia y abarca temas como lavado de dinero, tráfico de armas y drogas, combate al crimen organizado trasnacional, fronteras seguras, terrorismo y ciberseguridad, estos se trabajan desde el Grupo de Alto Nivel de Seguridad (GANSEG) bilateral, creado en agosto de 2019 e impulsado por el Canciller Marcelo Ebrard como un nuevo esquema de cooperación en seguridad y como un mecanismo de gobernanza que permitiera tomar decisiones ágiles en el ámbito estratégico.

AP Photo/Rebecca Blackwell

Por lo anterior, es relevante la reciente reforma a la Ley de Seguridad Nacional del 18 de diciembre de 2020, que entre las nuevas adiciones que contiene, como la regulación de la presencia y actividad de agentes extranjeros en territorio nacional, crea un nuevo órgano auxiliar del Consejo de Seguridad Nacional “para la atención y gestión de los convenios, programas y temas estratégicos de cooperación suscritos por el Estado mexicano en materia de seguridad y que contribuyan a preservar la Seguridad Nacional“, dicho órgano es denominado como el Grupo de Alto Nivel de Seguridad, que está presidido por el Secretario de Relaciones Exteriores.

Lo anterior, podría decirse que forma parte de un proceso de institucionalización de las actividades que ya llevaban a cabo diferentes instituciones públicas, entre ellas, la Cancillería y las secretarías de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), SEMAR, SEDENA, entre otras. Por lo tanto, habrá que prestar atención a cuáles otras instituciones participarán formalmente en dicho órgano recientemente creado por ley, ya que en el GANSEG de 2019, participaban SRE, SSPC, SEDENA, SEMAR, Guardia Nacional, SEGOB, SHCP, SCT, CNI, UIF, SALUD, Cofepris, Connadic, SADER y la FGR.

Implicaciones a considerar para el relevo de la Embajada de México en Washington

El reciente caso del ex Secretario de Defensa suscitó un complejo problema bilateral y de seguridad nacional para México, ya que fueron afectados tres campos del poder nacional: el campo diplomático, campo político y campo militar. Desde el campo diplomático, hay una intención de los gobiernos para normalizar las relaciones bilaterales, e incluso fortalecerlas, especialmente en temas de seguridad, por lo que la institucionalización del Grupo de Alto Nivel de Seguridad es evidencia de ello, si tomamos en cuenta los intercambios y acuerdos establecidos en diciembre de 2019 (http://bit.ly/SREGanseg2019), entre el propio Presidente López Obrador, el Canciller Ebrard y el fiscal de E.U.A., William Barr.

En los campo político y militar, el golpe mediático a una institución del Estado mexicano como el Ejército y la mediatización del espionaje realizado por agencias extranjeras a autoridades del más alto nivel en México, no es cosa menor, pone en entredicho la soberanía nacional y expone las capacidades, fallas y limitaciones de la contrainteligencia mexicana. Lo anterior, en el contexto de un nuevo periodo electoral que se avecina en 2021, el más grande en la historia reciente, por la cantidad de cargos a elegir, repercute en la delicada situación de las relaciones civiles-militares, en un momento de alta polarización política entre partidos y pugnas de las élites regionales en contra del Gobierno Federal.

La evidencia es clara, la reforma a la Ley de Seguridad Nacional en materia de regulación de agentes extranjeros, la creación del GANSEG como órgano auxiliar del Consejo de Seguridad Nacional, el cambio de administración en E.U.A., con prioridades añadidas y una agenda bilateral estable en temas de seguridad, a la que darán continuidad por su nivel de relevancia y urgencia, hacen suponer que el relevo en la embajada mexicana en Washington tendrá que aperturar espacios de interlocución y confianza lo más ágil y rápido posible.

Los nuevos inquilinos de Pennsylvania Avenue 1911 se enfrentarán, entre las dificultades ordinarias que imponen las agendas de los presidentes estadounidenses entrantes, a las repercusiones sobre la relación diplomática, derivadas de los últimos acontecimientos y al incremento de actividades de las agencias de inteligencia estadounidenses para lograr sus objetivos prioritarios en el combate al tráfico de drogas, armas, lavado de dinero y crimen organizado trasnacional.