Honrar a los caídos no es glorificar la guerra, sino dignificar el sacrificio por la paz y construir una memoria nacional más justa y humana.
“Muéstreme la manera en que una nación cuida a sus muertos y mediré con exactitud matemática la tierna misericordia de su gente, su respeto por la ley del país y su lealtad a los altos ideales”
William Ewart Gladstone
Cada año, Estados Unidos detiene su marcha el último lunes de mayo para honrar a sus soldados caídos en el Memorial Day, que es más que una tradición, pues se trata de un recordatorio del sacrificio, del deber y del vínculo profundo entre patria e historia. Esta práctica, sin embargo, no es exclusiva del mundo anglosajón; forma parte de la historia misma de la humanidad. En México, en contraste, aún nos debemos una fecha para recordar —con dignidad— a nuestros caídos, especialmente en la lucha diaria por la seguridad y la paz.
La memoria de los caídos en la historia
Desde la antigua Grecia hasta nuestros días, honrar a los muertos en combate ha sido parte fundamental de la vida social y política de muchas naciones y pueblos. En Atenas, el funeral público era un ritual cívico que recordaba a todos los ciudadanos el valor de quienes habían muerto por la polis, como lo demuestra la historia con las exequias públicas de los soldados, como el célebre «Discurso fúnebre de Pericles«, que establecieron un canon cívico: el soldado muerto era un ejemplo de virtud y entrega al bien común. En la antigua Roma, las inscripciones y arcos triunfales inmortalizaban la gloria militar de sus héroes.
Con la modernidad, la veneración a los soldados caídos se transformó en una política de Estado y así nacieron los memoriales, cementerios nacionales y fechas oficiales para conmemorarles. La razón de fondo es clara: recordar a los caídos no sólo honra su sacrificio, sino que refuerza la memoria colectiva, la identidad nacional y el tejido moral de la comunidad.
¿Por qué conmemoramos a los caídos en combate?
La sociología y la antropología nos ofrecen claves para entender por qué las sociedades naturales como la familia y la nación rinden homenaje a sus muertos, especialmente a quienes de manera virtuosa y heroica entregan su vida al servicio de sus familias, comunidades y naciones.
Émile Durkheim, sociólogo y filósofo francés, considerado uno de los padres fundadores de la sociología junto con Karl Marx y Max Weber explicaba que los rituales colectivos, como los funerales militares, son esenciales para mantener la cohesión social. Maurice Halbwachs, filósofo y sociólogo francés, reconocido por desarrollar el concepto de memoria colectiva hablaba de ésta como un proceso que da sentido al pasado desde el presente. Y Benedict Anderson, reconocido historiador, politólogo y ensayista conocido por su obra «Comunidades Imaginadas: Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo» sostenía que las naciones se construyen a través de símbolos compartidos, precisamente como los mártires y en los Estados seculares los héroes, soldados y policías caídos en combate y vinculados a los valores más sublimes como los valores patrios.
Honrar a los caídos, entonces, no es solo un acto de piedad o respeto, podríamos afirmar que es un mecanismo civilizatorio, de construcción de cultura de una comunidad nacional.
El caso de Estados Unidos y sus caídos en combate
El Memorial Day estadounidense tiene su origen tras la Guerra Civil, como una forma de rendir homenaje a los soldados caídos decorando sus tumbas con flores. La primera observancia nacional tuvo lugar el 30 de mayo de 1868 en el Cementerio Nacional de Arlington y con el tiempo, la conmemoración se extendió para honrar a todos los militares estadounidenses que han muerto en servicio. Fue hasta el año 1971, que se estableció como un día feriado federal oficial en el que se honra a más de un millón de caídos en distintas guerras, desde la Primera y Segunda Guerra Mundial hasta las más recientes guerras en Medio Oriente. Se trata pues de una fecha de solemnidad, pero también de unidad nacional para ese país.
De manera singular, desde hace muchos años me ha llamado la atención esta conmemoración estadounidense, especialmente en lo que respecta a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que incluso mantiene en su sede central en Langley, Virginia, un Muro de las Estrellas para los agentes caídos. Cada estrella representa un agente caído en cumplimiento de su deber, muchos de los cuales permanecen anónimos por razones de seguridad y confidencialidad operativa. En aquel muro se encuentra la frase inscrita que dice: «In honor of those members of the Central Intelligence Agency who gave their lives in the service of their country» («En honor a aquellos miembros de la Agencia Central de Inteligencia que dieron su vida al servicio de su país»). El anonimato de muchas estrellas no ha implicado el olvido de aquellas personas, sino una muestra de respeto por el trabajo silencioso de aquellos agentes y sus familias para proteger y servir a su país.
¿Y México? El silencio oficial y social ante los caídos
En México no tenemos un día oficial dedicado a los soldados, marinos y policías caídos en cumplimiento del deber. Existen homenajes aislados, actos castrenses, momentos de silencio, pero no una fecha nacional para su reconocimiento público y conmemoración. Y esto ocurre en un país en donde, desde principios del siglo XX, más de seis mil elementos de seguridad han muerto enfrentando al crimen organizado.
¿Por qué no existe esta costumbre generalizada? Me parece necesario cuestionarnos las razones para afrontarlas, repensarlas y modificar nuestra actitud ante una realidad que, desde mi punto de vista, requiere un reconocimiento para comenzar a forjar una conciencia nacional sobre la heroicidad ante la trágica pérdida de conciudadanos mexicanos a lo largo de casi veinte años de lucha contra el crimen organizado. Porque nuestras instituciones de seguridad han sufrido desgaste, críticas y en algunos casos desconfianza, porque la guerra que vivimos —aunque no se le llame así— ha sido fragmentada, con duelos privados, no colectivos.
Estamos viviendo un tiempo distinto en México, producto de un cambio de época que requiere construir civilización. Considero indispensable comenzar a cambiar nuestra visión de la vida y de la muerte en los conflictos que hemos enfrentado —y seguimos enfrentando— los mexicanos, especialmente de aquellos que de manera virtuosa han considerado vivir y dar su vida por la paz, la seguridad y la defensa de nuestra patria. No por militarismo, sino por justicia histórica, memoria e identidad nacional.
Conmemorar y honrar a quienes han dado su vida por defender a otros es un acto de civilidad. Nos obliga a no olvidar que la paz que buscamos los mexicanos, síntesis de un aspiración nacional anhelada desde nuestra génesis como nación, está construida —a veces— sobre vidas entregadas en silencio. Policías en municipios rurales y urbanos, soldados en zonas marginadas, en la sierras, marinos en costas y mares peligrosos, agentes ministeriales y de investigación de distintas corporaciones que nunca volvieron a casa.
Necesitamos un memorial, necesitamos una fecha que nos recuerde y nos devuelva a la vida el anhelo de justicia, paz y seguridad en la memoria de quienes en el anonimato muchas veces fenecen en la cotidianidad para proveernos seguridad. Necesitamos una narrativa que reconozca el valor de quienes mueren sirviendo, sin importar si visten uniforme militar o policial.
Una propuesta: Un Día Nacional por la Paz y los Caídos
Propongo considerar el 21 de junio —solsticio de verano, símbolo de luz y renovación— como un posible Día Nacional por la Paz y los Caídos, como un día para honrar a quienes cayeron buscando un México más seguro, más justo, más vivible y pacífico. Tal y como se imprime en el carácter de nuestra historia, memoria e identidad nacional, este día no sería para glorificar la guerra, sino para reconocer el valor de quienes eligieron proteger, servir y defender la paz con seguridad a la que aspiramos las y los mexicanos.
La memoria no es solo mirar al pasado, es elegir, desde el presente, qué queremos ser como país, es decir es conmemorar y proyectar nuestra identidad. ¿Es tiempo de dar ese paso?
¿Qué opinas? Comparte este artículo si crees que México debe construir una memoria digna para quienes han dado su vida en la lucha por la paz.
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