De Gaza a Kiev

El panorama de la seguridad y la inteligencia

Mauricio D. Aceves y Jonathan R. Maza.

Las advertencias de Casandra, dotada con el don de la clarividencia y después castigada con el designio de que sus profecías no serían jamás creídas, fueron desestimadas durante la guerra de Troya, implicando el desenlace trágico de la ciudad. Este mito se ha citado repetidamente en el circuito de la comunidad de la inteligencia y la literatura de prospectiva estratégica, y en ocasiones recuerda la conflagración entre el conocimiento y la verdad desestimada, ya sea por ausencia de criterio, de inteligencia procesable o por elección.

En la actualidad, la cooperación en materia de inteligencia y de seguridad internacional encuentra entre sus principales retos el sacrificio de la estrategia de largo plazo por la táctica coyuntural y el reconocimiento de la necesidad de actualizar la operatividad diaria, especialmente en tareas de planeación y detección de riesgos. Ignorar la prospectiva de un amplio espectro de elementos en movimiento que inciden en las relaciones internacionales implica correr la suerte de ser jugadores en juegos desconocidos.

Ciertamente hay inercias geopolíticas, pero también coyunturas y cisnes negros que inciden y modifican el panorama internacional. Sin duda, 2023 se convirtió en un periodo habitado por elementos históricos disruptivos para la estabilidad internacional con altas implicaciones en el deterioro de la seguridad humana y que alimentan amenazas y riesgos internacionales. De manera adyacente, es posible observar tendencias que condicionan las perspectivas regionales en torno a la seguridad. En este escenario, surge un póker de tendencias de naturaleza volátil: a) el establecimiento de relaciones fácticas entre Estados; b) el auge de actores no estatales, especialmente corporaciones que participan en el campo de la innovación, o funciones relativas a la defensa; c) un mayor peso de la defensa y la venta de armas en la política internacional, y d) la aplicación de usos duales, civiles y militares, de la inteligencia artificial. En conjunto e individualmente, y en distintas intensidades, se trata de fuerzas que moldean el entendimiento estratégico y amplían el espectro de atención de distintas disciplinas ligadas a la geopolítica.

Las zonas grises de la cooperación y la estabilidad

En el caso del establecimiento de canales fácticos de cooperación, se trata de un fenómeno con mayor relieve debido al contexto geopolítico. Suelen ser desarrollados por Estados que no cuentan con relaciones formales, especialmente para lograr acuerdos de cooperación en campos limitados a objetivos concretos y mediante agencias o instituciones pertenecientes al Estado. Lo anterior puede ocurrir cuando no hay un reconocimiento formal entre gobiernos, por ejemplo, el caso de las relaciones entre Arabia Saudita e Israel, que durante décadas han mantenido canales de diálogo intermitentes con objetivos limitados, especialmente relacionados con la conectividad, sin necesidad de una posible adhesión de Riad a los Acuerdos de Abraham. Las garantías de continuidad de la cooperación se mantienen por medio de la existencia de voluntades políticas, la contribución de intermediarios y la posibilidad abierta de constituir acuerdos formales.

En una trama distinta, el empleo de sanciones económicas como instrumento de presión también promueve, colateralmente, terrenos proclives para la creación de arquetipos de lazos informales a fin de evadir dichas sanciones y para mantener acuerdos. Es el caso de los gobiernos establecidos mediante golpes de Estado recientes en Burkina Faso, Sudán, Níger y Gabón. En una categoría separada, existe un proliferación y empoderamiento de grupos en búsqueda de expandir su reconocimiento o atracción de apoyo internacional como figuras de gobierno, en el que se encuentran los casos de Hezbolá en el Líbano, las Fuerzas de Acción Rápida en Sudán, el Ejercito Nacional Libio o el Movimiento Huthi en Yemen, entre otros, cada uno con características y vocaciones únicas, usualmente cuentan con capacidades de interlocución ante gobiernos que siguen una agenda activa, ya sea en dinámicas de cooperación o enfrentamiento en relación con Estados, frecuentemente incidiendo en la estabilidad regional.

En una atmósfera de alta inestabilidad, las empresas militares o contratistas de defensa (en caso de ser partícipes en hostilidades directas son reconocidas bajo el estatus de mercenarios, de acuerdo con el Protocolo I adicional a los Convenios de Ginebra de 1949) han alcanzado una importancia de primer orden. Quizá el Grupo Wagner o el grupo Patriot sean los ejemplos más representativos como consecuencia del gran número de activos de distintas nacionalidades, especialidad, armamento disponible y por su capacidad de operar en una extensión geográfica que considera desde la costa este del Sahel y África occidental en el Atlántico hasta el Mediterráneo oriental y Europa del Este. Ante los avances registrados, que usualmente han sido vinculados a presuntas perpetraciones de crímenes de guerra, este modelo podría conseguir réplicas que, a su vez, pueden resultar definitorias en el desarrollo o el surgimiento de conflictos y la (in)estabilidad nacional o regional. La reinstalación operativa de Executive Outcomes después de 2 décadas de ausencia o expansión del ámbito de acción de Academi (antes Blackwater), más allá de la capacitación militar, sino trascendiendo en el rubro de la inteligencia y la industria militar, son indicios de esta tendencia.

La ascendencia de actores no estatales en la geopolítica no es una novedad. Sin embargo, la exposición de ellos en relación con la seguridad queda expuesta cada vez con mayor claridad, lo que se percibe en el desarrollo de conflictos por medios no convencionales. Detrás del telón, el incremento de la dependencia de los Estados en el sector privado en aspectos vinculados al desarrollo y la aplicación de nuevas tecnologías de uso dual y la recopilación masiva de datos se convierte en otro frente decisivo en persecución de nuevas regulaciones. Adicionalmente, se percibe en la calidad determinante de empresas durante el transcurso de conflictos híbridos o para apuntalar las operaciones de los aparatos del Estado en el ámbito de la defensa. Por ejemplo, la banda ancha provista por Starlink en Ucrania se ha convertido en un elemento primario durante el desarrollo del conflicto, no solo haciendo posible las comunicaciones y las ciberoperaciones, sino también contando con relevancia táctica en el frente.

En una atmósfera de alta inestabilidad, las empresas militares o contratistas de defensa han alcanzado una importancia de primer orden.

La integración del quinto dominio, el ciberespacio, la informática y la vinculación con sectores críticos para la seguridad han originado que la ciberseguridad ocupe un lugar vertebral dentro de los protocolos operativos de inteligencia, dando lugar también a la ciberinteligencia. El desarrollo de estas nuevas capacidades propias del Estado es fundamental, por lo que la agenda de cooperación técnica entre gobiernos se ha ampliado sustantivamente para ampliar las capacidades de defensa y ahora de ciberdefensa. En este sendero, la contratación de terceros actores que permitan llevar a cabo ciberoperaciones también se ha convertido en una constanteLa incursión de nuevos actores y la saga de ciber ataques a sectores críticos registrados en todas las latitudes incrementan la alarma y la necesidad de asumir responsabilidades en materia de ciberseguridad y ciberdefensa. En sentido opuesto, las ciberoperaciones ofensivas, propias u ordenadas por terceros, proporcionan herramientas en las que las instituciones no se encuentran directamente implicadas, primordialmente en actividades como el sabotaje, robo de información, espionaje, operaciones psicológicas, entre otros, las cuales pueden ser desplegadas con efectividad a bajo costo y con la protección de un paraguas de ambigüedad en la atribución y la percepción de proporcionalidad. Estas coordinadas adoptan un norte que apunta en dirección a la ampliación de zonas grises y guerras híbridas.

Pese a que, tradicionalmente, la creación de alianzas y acuerdos diplomáticos han contado como base de la seguridad y el interés nacional invariablemente, en un clima de mayor multipolaridad, este fenómeno puede presentar variaciones atípicas, aumentando las transferencias de armas e incluso alterando las políticas respecto al gasto militar, substancialmente ante las tensiones en Europa del Este y el Sudeste Asiático. Los acuerdos en materia de defensa y vinculados a la adquisición de armamento, se han convertido en uno de los principales ejes de la diplomacia, incluso en negociaciones que no se encuentran directamente ligadas a la defensa.

Por otro lado, la negación de la venta de armamentos puede igualmente comprometer negociaciones e incluso generar fricciones diplomáticas. Los obstáculos a la venta de F-16 Block 70 o de Eurofighter Typhoon a Türkiye (los miembros del consorcio de Eurofighter GmbH, también han impuesto negativas a la venta de Eurofighters a Arabia Saudita), son negociaciones que han causado controversias al interior de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Comentarios finales

Un informe clasificado de la Agencia Central de Inteligencia sobre el conflicto en Palestina advirtió tempranamente que las condiciones que se desarrollaban desencadenarían hostilidades armadas, afectando significativamente la estabilidad social, económica y política del mundo árabe, así como las relaciones comerciales y estratégicas de Estados Unidos en Oriente Próximo, además del aumento en la intensidad del conflicto sin la intervención internacional. Estos párrafos no fueron redactados en el otoño de 2023 sino décadas atrás, en noviembre de 1947, y desclasificados en 2013.

Quizá la sombra de Casandra está destinada a acompañar a la geopolítica mediante distintas personificaciones, pero, ciertamente, si se quieren obtener certezas para la planeación nacional estratégica, será necesario involucrar a un mayor rango de actores, aumentar la integralidad de acciones mediante esfuerzos interinstitucionales complementarios, y adoptar nuevos conceptos que corresponden a una realidad caracterizada por los vínculos en zonas grises. La inteligencia civil y militar del Estado experimenta transformaciones notables impulsadas, principalmente, por la proliferación de la inteligencia artificial aplicada a la vigilancia y el uso de tecnologías exponenciales en operaciones de inteligencia y ciberinteligencia. Sin embargo, la fiabilidad de la automatización ha presentado fallas que producen alertas. El ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, entre otros eventos de impacto geopolítico, invita al replanteamiento de los modelos de actuación de la inteligencia militar y civil dependiente de sistemas automatizados y digitales, debido a las vulnerabilidades observadas en algunas de las agencias de mayor sofisticación y tecnificación a nivel internacional.

La interacción entre los elementos de la actualización de las agencias de inteligencia, la previsión del planteamiento de los nuevos desafíos por parte de la diplomacia, así como de un balance regulatorio prospectivo, debe ser un trinomio inseparable con miras a la adaptación de las capacidades del Estado. Los avances tecnológicos amplían la cadencia de capacidades de todo tipo, pero al unísono se enfrentan a un abanico de amenazas más diverso. El futuro de los conflictos y de las amenazas en torno a la seguridad internacional se encuentra en proceso de restructuración, y mantener ventajas tácticas mediante el factor sorpresa requiere cada vez de desarrollos tecnológicos propios, su dominio y de mantener una autonomía estratégica en el futuro, así como la combinación de destrezas convencionales, la identificación de una gama híbrida de actores y la comprensión de las lecciones aprendidas de escenarios pasados y aquellos actualmente en desarrollo.


MAURICIO D. ACEVES es consultor en asuntos migratorios, fronterizos y de política exterior, así como analista de temas contemporáneos del Medio Oriente, Asia Central y Europa del Este. Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad del Valle de México, maestro en Seguridad Pública y Políticas Públicas por la Escuela de Políticas Públicas, cuenta con un diplomado en Dirección de Operaciones de Inteligencia y Contrainteligencia por el Campus Internacional para la Seguridad y Defensa y uno en estudios de Gobernanza Global por el German Institute of Development and Sustainability en Bonn. Sígalo en X (antes Twitter) en @DaanMaur

JONATHAN R. MAZA VÁZQUEZ es Director de Estrategia e Inteligencia en STRATOP Risk Consulting. Es maestro en Seguridad Nacional por el Colegio de Defensa Nacional (Sedena) y cuenta con estudios en Seguridad Nacional por el Centro de Estudios Superiores Navales (SEMAR). Es profesor de tiempo parcial en el Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP). Además, es miembro de la Red de Exbecarios de Programas del Gobierno de Estados Unidos en México y miembro asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi). Sígalo en X (antes Twitter) en @jonathanmaza.

El impacto de las tecnologías exponenciales a la seguridad nacional e internacional

Jonathan R. Maza Vázquez

Publicación original en Foreign Affairs Latinoamérica. De la sección Opiniones Oportunas del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales

07 de septiembre de 2020

Hoy, a nivel mundial, la cotidianidad de las personas, como del desarrollo de los Estados, está siendo transformada por la disrupción de las tecnologías exponenciales, tales como la inteligencia artificial, la 5G, el internet de las cosas, la manufactura aditiva, el aprendizaje automático, entre otras. Estas tecnologías están soportadas en infraestructura de tecnologías de la información y comunicación, así como por la abundancia de los datos en el ciberespacio, por lo que a esta revolución tecnológica se le ha denominado la Cuarta Revolución Industrial, de acuerdo a Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial.

El mundo físico y el digital se conectan aún más gracias a este tipo de tecnologías, dando lugar a lo que se conoce como sistemas ciberfísicos. Como resultado, los procesos de producción, distribución y consumo tradicionales están transformándose de forma acelerada, profunda y amplia, impactando en la manera en cómo vivimos, nos comunicamos, consumimos e interactuamos.

También, como consecuencia de las distintas crisis generadas a nivel mundial, a partir de la pandemia de covid-19, la transición digital de la vida y de la mayoría de las actividades humanas se aceleró, sin embargo, aún no es posible determinar con certeza cuáles serán sus efectos a futuro a niveles sistémicos. Lo que sí es posible, por ahora, es imaginar algunos escenarios probables, considerando que los procesos globales previos a la pandemia ya estaban deteriorando las reglas del orden establecido en muchos lugares a nivel internacional.

Previo a la aparición de la pandemia, el sistema internacional ya se encontraba en proceso de desfragmentación, las instituciones y los mecanismos multilaterales siendo diezmados por los propios Estados que las integran, la cooperación internacional en franco declive y la seguridad internacional amenazada por la competencia y rivalidad entre potencias. La situación de crisis actual y el acelerado cambio tecnológico tendrán consecuencias geopolíticas considerables, lo más probable es que sirvan de catalizadores para fenómenos que ya existian, por ejemplo, la creciente competencia entre China y Estados Unidos en diferentes campos como el comercial y tecnológico e incluso el militar, o la cooperación y la colaboración internacional para enfrentar los retos que ha planteado el cambio climático y la aparición de nuevas enfermedades.

La revolución tecnológica podrá acelerar el desarrollo sostenible de los países, pero también, podría agudizar los conflictos internacionales y aumentar las tensiones entre bloques regionales, como ya está sucediendo. Por otro lado, también es probable que incremente la dependencia tecnológica de los países en desarrollo con respecto a los poseedores de las patentes y capacidades tecnológicas, que pueden ser países, pero también corporaciones privadas. De alguna manera, los cambios y las transformaciones aceleradas que estamos presenciando potencializarán tanto la cooperación como el conflicto en las relaciones internacionales.

Los usos y el acceso a tales tecnologías se vuelven críticas y estratégicas para la seguridad de las personas, las empresas, los gobiernos y la seguridad nacional.

JonAthan r. maza vÁZQUEZ

La seguridad internacional y la seguridad nacional son dos ámbitos específicos de interacción en el sistema internacional, cada vez más interrelacionados por la naturaleza de los fenómenos que las afectan y que, en el contexto actual, están siendo comprometidas por la aparición de nuevas vulnerabilidades, riesgos y amenazas, derivadas de los diferentes usos que se le dan a las tecnologías exponenciales por los propios Estados, pero también porque se encuentran al alcance de organizaciones terroristas y de redes de la delincuencia organizada trasnacional. Los usos y el acceso a tales tecnologías se vuelven críticas y estratégicas para la seguridad de las personas, las empresas, los gobiernos y la seguridad nacional.

Entre las ventajas que ofrecen a la seguridad las tecnologías exponenciales son la predictibilidad y precisión, por lo que se han convertido en ventajas estratégicas para los tomadores de decisiones en los ámbitos privado y público, ya que que ayudan a los analistas en seguridad a la identificación de las nuevas vulnerabilidades, así como a la gestión de los riesgos y la inhibición de las amenazas.

Como consecuencia de la proloferación en el uso de estas tecnologías y su implementación en distintas actividades, se ha vuelto indispensable la elaboración de estrategias nacionales, regionales e internacionales para la estandarización, regulación y articulación de políticas y acciones que aseguren tanto su interoperabilidad, acceso, la identificación de vulnerabilidades y riesgos, así como el marco ético bajo el cual operan, para garantizar la seguridad de los individuos, de la infraestructura crítica y estratégica de los Estados y los bienes de las empresas, pero también para garantizar la paz y la estabilidad internacional en un mundo cada vez más incierto.

La evolución de los actuales acontecimientos mundiales, como las crisis provocadas por la pandemia y de la implementación de las nuevas herramientas tecnológicas exponenciales y los sistemas ciberfísicos, generarán cambios en la manera en cómo cooperarán los Estados y en cómo se reconfigurará el sistema internacional, el mundo se encuentra entre la autarquía y la colaboración internacional. Esto seguramente alterará el orden mundial. Lo único seguro es que no retornaremos al estado original de las cosas, por lo que la mejor manera de predecir el futuro será crearlo, incluso en el sistema internacional.

JONATHAN R. MAZA VÁZQUEZ es maestro en Seguridad Nacional por el Colegio de Defensa Nacional (Sedena) y cuenta con estudios en Seguridad Nacional por el Centro de Estudios Superiores Navales (SEMAR) y por la UDLAP Jenkins Graduate School. Es licenciado en Relaciones Internacionales con especialidad en Política Internacional por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP). Actualmente es Secretario Ejecutivo de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia y asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi). Sígalo en Twitter en @jonathanmaza.

La transformación digital y su enfoque social.

 

En el futuro, una organización puede ser radicalmente diferente, incluyendo los partidos políticos, las burocracias gubernamentales, las empresas y las organizaciones sociales, de maneras tales que usted actualmente ni siquiera podría predecir.

La transformación digital que está afectando todos los ámbitos de la actividad humana, desde el trabajo, la economía, la producción, el consumo, la política etc., y su enfoque social, son uno de los retos más importantes para cualquier empresa, gobierno y organizaciones políticas.

Mientras que las tecnologías rápidamente se vuelven una herramienta esencial para todo tipo de actividades, su éxito depende en gran medida del coeficiente intelectual digital de una organización y especialmente de qué tan bien sus líderes definen y comunican ésta transformación. También depende de las cualidades y capacidades digitales de los colaboradores y equipos de trabajo, quienes están involucrados en los nuevos procesos y servicios digitales.

La gestión del cambio, así como de la transformación de la cotidianidad son asuntos críticos para las sociedades, las empresas y los gobiernos. En el futuro, una organización puede ser radicalmente diferente, incluyendo los partidos políticos, las burocracias gubernamentales, las empresas y las organizaciones sociales, de maneras tales que usted actualmente ni siquiera podría predecir.

Ante estos retos de gestionar los problemas actuales en entornos inciertos, llenos de transformaciones y de avances tecnológicos exponenciales, es que se vuelve indispensable desarrollar estrategias claras, pero flexibles al cambio, basadas en la innovación, una especie de «mapa de ruta» que contemple las posibles soluciones a problemas complejos con múltiples variables, y el análisis de macro tendencias que podrían afectar a cualquier organización en el futuro.