Entrevista: Crisis de seguridad en Chiapas, México.

La crisis de seguridad que atraviesa el estado de Chiapas, México, afecta el turismo y proyecta una imagen negativa al exterior. Además, la situación de la población en el estado sureño se ha convertido en una crisis humanitaria debido a la violencia generada por los enfrentamientos entre organizaciones criminales.

Entrevista para El Financiero TV Bloomberg.

De Gaza a Kiev

El panorama de la seguridad y la inteligencia

Mauricio D. Aceves y Jonathan R. Maza.

Las advertencias de Casandra, dotada con el don de la clarividencia y después castigada con el designio de que sus profecías no serían jamás creídas, fueron desestimadas durante la guerra de Troya, implicando el desenlace trágico de la ciudad. Este mito se ha citado repetidamente en el circuito de la comunidad de la inteligencia y la literatura de prospectiva estratégica, y en ocasiones recuerda la conflagración entre el conocimiento y la verdad desestimada, ya sea por ausencia de criterio, de inteligencia procesable o por elección.

En la actualidad, la cooperación en materia de inteligencia y de seguridad internacional encuentra entre sus principales retos el sacrificio de la estrategia de largo plazo por la táctica coyuntural y el reconocimiento de la necesidad de actualizar la operatividad diaria, especialmente en tareas de planeación y detección de riesgos. Ignorar la prospectiva de un amplio espectro de elementos en movimiento que inciden en las relaciones internacionales implica correr la suerte de ser jugadores en juegos desconocidos.

Ciertamente hay inercias geopolíticas, pero también coyunturas y cisnes negros que inciden y modifican el panorama internacional. Sin duda, 2023 se convirtió en un periodo habitado por elementos históricos disruptivos para la estabilidad internacional con altas implicaciones en el deterioro de la seguridad humana y que alimentan amenazas y riesgos internacionales. De manera adyacente, es posible observar tendencias que condicionan las perspectivas regionales en torno a la seguridad. En este escenario, surge un póker de tendencias de naturaleza volátil: a) el establecimiento de relaciones fácticas entre Estados; b) el auge de actores no estatales, especialmente corporaciones que participan en el campo de la innovación, o funciones relativas a la defensa; c) un mayor peso de la defensa y la venta de armas en la política internacional, y d) la aplicación de usos duales, civiles y militares, de la inteligencia artificial. En conjunto e individualmente, y en distintas intensidades, se trata de fuerzas que moldean el entendimiento estratégico y amplían el espectro de atención de distintas disciplinas ligadas a la geopolítica.

Las zonas grises de la cooperación y la estabilidad

En el caso del establecimiento de canales fácticos de cooperación, se trata de un fenómeno con mayor relieve debido al contexto geopolítico. Suelen ser desarrollados por Estados que no cuentan con relaciones formales, especialmente para lograr acuerdos de cooperación en campos limitados a objetivos concretos y mediante agencias o instituciones pertenecientes al Estado. Lo anterior puede ocurrir cuando no hay un reconocimiento formal entre gobiernos, por ejemplo, el caso de las relaciones entre Arabia Saudita e Israel, que durante décadas han mantenido canales de diálogo intermitentes con objetivos limitados, especialmente relacionados con la conectividad, sin necesidad de una posible adhesión de Riad a los Acuerdos de Abraham. Las garantías de continuidad de la cooperación se mantienen por medio de la existencia de voluntades políticas, la contribución de intermediarios y la posibilidad abierta de constituir acuerdos formales.

En una trama distinta, el empleo de sanciones económicas como instrumento de presión también promueve, colateralmente, terrenos proclives para la creación de arquetipos de lazos informales a fin de evadir dichas sanciones y para mantener acuerdos. Es el caso de los gobiernos establecidos mediante golpes de Estado recientes en Burkina Faso, Sudán, Níger y Gabón. En una categoría separada, existe un proliferación y empoderamiento de grupos en búsqueda de expandir su reconocimiento o atracción de apoyo internacional como figuras de gobierno, en el que se encuentran los casos de Hezbolá en el Líbano, las Fuerzas de Acción Rápida en Sudán, el Ejercito Nacional Libio o el Movimiento Huthi en Yemen, entre otros, cada uno con características y vocaciones únicas, usualmente cuentan con capacidades de interlocución ante gobiernos que siguen una agenda activa, ya sea en dinámicas de cooperación o enfrentamiento en relación con Estados, frecuentemente incidiendo en la estabilidad regional.

En una atmósfera de alta inestabilidad, las empresas militares o contratistas de defensa (en caso de ser partícipes en hostilidades directas son reconocidas bajo el estatus de mercenarios, de acuerdo con el Protocolo I adicional a los Convenios de Ginebra de 1949) han alcanzado una importancia de primer orden. Quizá el Grupo Wagner o el grupo Patriot sean los ejemplos más representativos como consecuencia del gran número de activos de distintas nacionalidades, especialidad, armamento disponible y por su capacidad de operar en una extensión geográfica que considera desde la costa este del Sahel y África occidental en el Atlántico hasta el Mediterráneo oriental y Europa del Este. Ante los avances registrados, que usualmente han sido vinculados a presuntas perpetraciones de crímenes de guerra, este modelo podría conseguir réplicas que, a su vez, pueden resultar definitorias en el desarrollo o el surgimiento de conflictos y la (in)estabilidad nacional o regional. La reinstalación operativa de Executive Outcomes después de 2 décadas de ausencia o expansión del ámbito de acción de Academi (antes Blackwater), más allá de la capacitación militar, sino trascendiendo en el rubro de la inteligencia y la industria militar, son indicios de esta tendencia.

La ascendencia de actores no estatales en la geopolítica no es una novedad. Sin embargo, la exposición de ellos en relación con la seguridad queda expuesta cada vez con mayor claridad, lo que se percibe en el desarrollo de conflictos por medios no convencionales. Detrás del telón, el incremento de la dependencia de los Estados en el sector privado en aspectos vinculados al desarrollo y la aplicación de nuevas tecnologías de uso dual y la recopilación masiva de datos se convierte en otro frente decisivo en persecución de nuevas regulaciones. Adicionalmente, se percibe en la calidad determinante de empresas durante el transcurso de conflictos híbridos o para apuntalar las operaciones de los aparatos del Estado en el ámbito de la defensa. Por ejemplo, la banda ancha provista por Starlink en Ucrania se ha convertido en un elemento primario durante el desarrollo del conflicto, no solo haciendo posible las comunicaciones y las ciberoperaciones, sino también contando con relevancia táctica en el frente.

En una atmósfera de alta inestabilidad, las empresas militares o contratistas de defensa han alcanzado una importancia de primer orden.

La integración del quinto dominio, el ciberespacio, la informática y la vinculación con sectores críticos para la seguridad han originado que la ciberseguridad ocupe un lugar vertebral dentro de los protocolos operativos de inteligencia, dando lugar también a la ciberinteligencia. El desarrollo de estas nuevas capacidades propias del Estado es fundamental, por lo que la agenda de cooperación técnica entre gobiernos se ha ampliado sustantivamente para ampliar las capacidades de defensa y ahora de ciberdefensa. En este sendero, la contratación de terceros actores que permitan llevar a cabo ciberoperaciones también se ha convertido en una constanteLa incursión de nuevos actores y la saga de ciber ataques a sectores críticos registrados en todas las latitudes incrementan la alarma y la necesidad de asumir responsabilidades en materia de ciberseguridad y ciberdefensa. En sentido opuesto, las ciberoperaciones ofensivas, propias u ordenadas por terceros, proporcionan herramientas en las que las instituciones no se encuentran directamente implicadas, primordialmente en actividades como el sabotaje, robo de información, espionaje, operaciones psicológicas, entre otros, las cuales pueden ser desplegadas con efectividad a bajo costo y con la protección de un paraguas de ambigüedad en la atribución y la percepción de proporcionalidad. Estas coordinadas adoptan un norte que apunta en dirección a la ampliación de zonas grises y guerras híbridas.

Pese a que, tradicionalmente, la creación de alianzas y acuerdos diplomáticos han contado como base de la seguridad y el interés nacional invariablemente, en un clima de mayor multipolaridad, este fenómeno puede presentar variaciones atípicas, aumentando las transferencias de armas e incluso alterando las políticas respecto al gasto militar, substancialmente ante las tensiones en Europa del Este y el Sudeste Asiático. Los acuerdos en materia de defensa y vinculados a la adquisición de armamento, se han convertido en uno de los principales ejes de la diplomacia, incluso en negociaciones que no se encuentran directamente ligadas a la defensa.

Por otro lado, la negación de la venta de armamentos puede igualmente comprometer negociaciones e incluso generar fricciones diplomáticas. Los obstáculos a la venta de F-16 Block 70 o de Eurofighter Typhoon a Türkiye (los miembros del consorcio de Eurofighter GmbH, también han impuesto negativas a la venta de Eurofighters a Arabia Saudita), son negociaciones que han causado controversias al interior de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Comentarios finales

Un informe clasificado de la Agencia Central de Inteligencia sobre el conflicto en Palestina advirtió tempranamente que las condiciones que se desarrollaban desencadenarían hostilidades armadas, afectando significativamente la estabilidad social, económica y política del mundo árabe, así como las relaciones comerciales y estratégicas de Estados Unidos en Oriente Próximo, además del aumento en la intensidad del conflicto sin la intervención internacional. Estos párrafos no fueron redactados en el otoño de 2023 sino décadas atrás, en noviembre de 1947, y desclasificados en 2013.

Quizá la sombra de Casandra está destinada a acompañar a la geopolítica mediante distintas personificaciones, pero, ciertamente, si se quieren obtener certezas para la planeación nacional estratégica, será necesario involucrar a un mayor rango de actores, aumentar la integralidad de acciones mediante esfuerzos interinstitucionales complementarios, y adoptar nuevos conceptos que corresponden a una realidad caracterizada por los vínculos en zonas grises. La inteligencia civil y militar del Estado experimenta transformaciones notables impulsadas, principalmente, por la proliferación de la inteligencia artificial aplicada a la vigilancia y el uso de tecnologías exponenciales en operaciones de inteligencia y ciberinteligencia. Sin embargo, la fiabilidad de la automatización ha presentado fallas que producen alertas. El ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, entre otros eventos de impacto geopolítico, invita al replanteamiento de los modelos de actuación de la inteligencia militar y civil dependiente de sistemas automatizados y digitales, debido a las vulnerabilidades observadas en algunas de las agencias de mayor sofisticación y tecnificación a nivel internacional.

La interacción entre los elementos de la actualización de las agencias de inteligencia, la previsión del planteamiento de los nuevos desafíos por parte de la diplomacia, así como de un balance regulatorio prospectivo, debe ser un trinomio inseparable con miras a la adaptación de las capacidades del Estado. Los avances tecnológicos amplían la cadencia de capacidades de todo tipo, pero al unísono se enfrentan a un abanico de amenazas más diverso. El futuro de los conflictos y de las amenazas en torno a la seguridad internacional se encuentra en proceso de restructuración, y mantener ventajas tácticas mediante el factor sorpresa requiere cada vez de desarrollos tecnológicos propios, su dominio y de mantener una autonomía estratégica en el futuro, así como la combinación de destrezas convencionales, la identificación de una gama híbrida de actores y la comprensión de las lecciones aprendidas de escenarios pasados y aquellos actualmente en desarrollo.


MAURICIO D. ACEVES es consultor en asuntos migratorios, fronterizos y de política exterior, así como analista de temas contemporáneos del Medio Oriente, Asia Central y Europa del Este. Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad del Valle de México, maestro en Seguridad Pública y Políticas Públicas por la Escuela de Políticas Públicas, cuenta con un diplomado en Dirección de Operaciones de Inteligencia y Contrainteligencia por el Campus Internacional para la Seguridad y Defensa y uno en estudios de Gobernanza Global por el German Institute of Development and Sustainability en Bonn. Sígalo en X (antes Twitter) en @DaanMaur

JONATHAN R. MAZA VÁZQUEZ es Director de Estrategia e Inteligencia en STRATOP Risk Consulting. Es maestro en Seguridad Nacional por el Colegio de Defensa Nacional (Sedena) y cuenta con estudios en Seguridad Nacional por el Centro de Estudios Superiores Navales (SEMAR). Es profesor de tiempo parcial en el Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP). Además, es miembro de la Red de Exbecarios de Programas del Gobierno de Estados Unidos en México y miembro asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi). Sígalo en X (antes Twitter) en @jonathanmaza.

El día después del COVID-19. México y el mundo.

En el mundo somos casi 8 mil millones de seres humanos viviendo en más de 200 países y territorios soberanos – algunos de ellos aún en disputas-. Nuestro planeta es habitable y el mundo es a la vez un sistema ordenado por el caos, mientras que algunas otras ocasiones se equilibra por la acción de países superpotencia como Estados Unidos de América y por potencias regionales como China, Rusia, Reino Unido y la Unión Europea.

     La historia nos ha enseñado muchas lecciones, una de ellas es que los cambios en el equilibrio de poder en el sistema internacional suceden más por las actitudes, percepciones y acciones que toman los Estados en relación a su posición en el mundo, es decir mediante el cálculo de su Poder Nacional para preservar sus propios objetivos estratégicos e intereses nacionales (Vega, 2001).

     Sin embargo no todos los Estados tienen las capacidades para proyectar su Poder Nacional al ámbito regional o internacional, siendo éstos los países en desarrollo los que procuran que el uso de sus recursos se orienten a fomentar su desarrollo y garantizar así su seguridad interna. En muchas circunstancias este tipo de Estados se encuentran a merced de los cambios acelerados por nuevas transformaciones tecnológicas guiadas por los mercados o por por los movimientos realizados por las potencias mundiales y no necesariamente en respuesta a las necesidades de sus propios objetivos e intereses nacionales, suelen ser países con una alta dependencia en diversos aspectos.

En el contexto internacional contemporáneo, en el que el elemento económico ha sido el hilo conductor preponderante de las relaciones internacionales, las crisis económicas y financieras han sido una de las causas de mayores afectaciones para los países en desarrollo, especialmente para aquellos que se han insertado exitosamente en el paradigma del libre mercado y la interdependencia económica (Keohane and Nye, 1977) generada por las cadenas globales de producción, valor y suministro, países como México, Brasil, India o República Checa bien podrían figurar en este tipo de países.

     Sin embargo, fenómenos como la crisis financiera del año 2008 generada por la burbuja inmobiliaria que provocó incertidumbre a nivel global, trayendo consigo pérdida masiva de empleos, disminución del poder adquisitivo de millones de personas, que en otro tiempo se beneficiaron del libre mercado; así también, tras la crisis aumentó la fragilidad de la economía globalizada. En lo que respecta a la democracia, los efectos de la ansiedad colectiva han derivado en un creciente descontento hacia el orden liberal establecido y la pérdida de confianza en las instituciones políticas, de esta manera la democracia ha perdido cada vez más adeptos en lugares donde antes no se hubiera ni siquiera imaginado en riesgo (Naim, 2015).

     Desde entonces, la política y economía a nivel mundial enfrentan enormes retos para lograr una mejor gobernanza de los asuntos globales: el estancamiento de las economías emergentes, el decrecimiento de las economías desarrolladas, el auge de nacionalismos autoritarios en Europa y Estados Unidos de América, el referéndum por el Brexit en Reino Unido y su efecto desestabilizador en la Unión Europea, las migraciones masivas, la creciente decepción por la democracia en distintas regiones como en Latinoamérica, la caída de los precios del petróleo, el alza de las deudas públicas nacionales, las divergencias en las políticas monetarias de los países desarrollados y los escándalos internacionales por corrupción de gobiernos y empresas así como una significativa impunidad que impera en estos casos, todo estos fenómenos o procesos desestabilizadores hacia dentro de los países con efectos negativos en el ámbito de la cooperación y el multilateralismo, así como en el propio orden internacional.

“…la mayor pandemia conocida desde inicios del siglo XX, misma que ya ha contagiado a casi 5 millones de seres humanos y causado la muerte de más de 300,000 personas alrededor del mundo.“

     Por otro lado, recientemente con la aparición de la pandemia del coronavirus COVID-19, que en diciembre de 2019 en Whuan, China comenzó el brote de este nuevo virus (Wolrd Health Organization, 2020) que ha provocado la mayor pandemia conocida desde inicios del siglo XX, misma que ya ha contagiado a casi 5 millones de seres humanos y causado la muerte de más de 300,000 personas alrededor del mundo. Ante esta nueva disrupción que enfrenta la humanidad, han surgido dudas sobre cuáles son los efectos reales de esta nueva pandemia en las economías, los sistemas de gobierno y en el orden internacional.

     Al respecto de esta situación, algunos analistas se han preguntado si a caso esta crisis global de salud, con afectaciones en distintos campos del Poder Nacional de los Estados y en consecuencia con efectos sobre el sistema internacional, provocará un nuevo orden internacional. Aún no es posible determinar con certeza qué es lo que sucederá en el futuro inmediato a niveles sistémicos, pero si es posible delinear algunos escenarios considerando los procesos previos a la pandemia que venían deteriorando las reglas del orden establecido y las tendencias que seguían hasta el momento actual (Calvo, 2020).

     Respecto al lo anterior, el coronel español José Luis Calvo Albero (2020) señala que “un efecto histórico de las epidemias es la deslegitimación del poder si (el gobierno) se ve superado por los acontecimientos“, por lo que es posible vislumbrar que ante el desconocimiento del virus de esta pandemia, que aún no se cuenta con una vacuna para terminarla y que los sistemas de salud se han visto superados por la cantidad de enfermos y muertos, el poder continuará en la espiral de deslegitimación y desgaste.

     Previo a la aparición de la pandemia, el sistema internacional ya se encontraba en un serio proceso de desfragmentación, las instituciones multilaterales siendo diezmadas por los propios Estados que las integran y la cooperación internacional en franco declive. “La pandemia tendrá consecuencias geopolíticas puede que considerables, pero sería bastante raro que nos trajese algo radicalmente nuevo y lo más probable es que simplemente sirva de catalizador para fenómenos que ya existían antes de su aparición“ (Calvo, 2020). Por ejemplo la creciente rivalidad y competencia entre Estados Unidos y China en diferentes campos como el comercial y tecnológico e incluso militar que no puede ser descartado.

Fotografía: © Reuters

“Un escenario probable es que la pandemia ponga de manifiesto mayores hostilidades entre las potencias regionales, que de por si ya se encontraban en disputas comerciales o territoriales“

     Un escenario probable es que la pandemia ponga de manifiesto mayores hostilidades entre las potencias regionales, que de por si ya se encontraban en disputas comerciales o territoriales, como sucede ahora en el sudeste asiático o como ya se ha mencionado en el caso de la rivalidad entre China y Estados Unidos, por las posturas que han mostrado públicamente sus líderes, para muestra de ello bastaría observar las declaraciones del presidente de Estados Unidos Donald Trump culpando a China como la causante del desastre en el manejo de la pandemia.

     Pero ¿es posible y probable que la fragmentación de la globalización y la rivalidad entre China y Estados Unidos escale a niveles que afecten significativamente el equilibrio de poder y el orden internacional actuales? ¿De qué manera afectaría esta situación a los países en desarrollo como México? Para poder responder a ello es necesario traer al tema la teoría desarrollada por Keohne y Nye (1977) sobre el poder y la interdependencia compleja entre los Estados en el sistema internacional, especialmente entre las relaciones asimétricas de quienes tienen mayor poder y los que tienen menores capacidades de este.

     México, que cuenta con un Poder Nacional limitado respecto a su vecino Estados Unidos, que es la única superpotencia global, escenifica el claro ejemplo de una relación de poder asimétrica y a la vez interdependiente, por un lado, la interdependencia se ha incrementado entre ambos países debido a la cada vez más profunda relación comercial, que desde la II Guerra Mundial ha tenido su desarrollo y se profundizó a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), de esta manera hoy encontramos que las características actuales son las siguientes: que el 80% de las exportaciones mexicanas se destinan a los Estados Unidos, convirtiendo a México en su socio comercial más importante, superando, incluso, a China y Canadá, países que en las últimas décadas han tenido los lazos comerciales más fuertes con la principal economía del mundo (Deloitte, 2019).

     La interdependencia entre ambos países no solo representa un argumento para delinear posibles escenarios de cooperación y de conflicto, puesto que al estar tan íntimamente ligados en lo económico y comercial, sobre todo en lo que respecta a la fundamental actividad industrial y sus cadenas de suministro, que son estratégicas para los Estados Unidos como la industria automotriz y otras de manufactura avanzada, mismas que se encuentran localizadas en México, la relación no está exenta de los efectos del tipo de liderazgo que juega la superpotencia en el ámbito internacional, especialmente cuando ha abandonado las causas del multilateralismo para virar más hacia un proteccionismo que limita las alternativas de cooperación y agudiza las aristas de conflicto.

El tipo de interdependencia entre México y Estados Unidos representa una mayor ganancia de poder para el segundo que para el primero, a pesar de la benéfica relación comercial entre ambos, ya que en toda relación de interdependencia, tal y como apunta la teoría, la asimetría genera ganancias de poder para quien tiene ventajas. Esta situación de facto, pone de manifiesto una enorme vulnerabilidad para México, al ser muy dependiente de las exportaciones comerciales hacia los Estados Unidos, sin embargo las alternativas no son muchas, tanto por la ubicación geopolítica del país, que lo ubica también en una zona del paraguas de seguridad nacional del vecino del norte, como por el poco interés de los sectores privado y públicos para migrar a otras latitudes que diversifiquen el comercio, pues hasta ahora no han encontrado incentivos suficientes que superen la facilidad de acceso que ofrece la ubicación tan cercana al mayor mercado de consumo mundial.

“…el Gobierno mexicano debe explorar alternativas en el corto plazo para gestionar su interdependencia con los Estados Unidos de América, a través de una activa y estratégica diplomacia que ponga sobre la mesa los temas sensibles para ambos países: migración controlada y regulada, seguridad y estabilidad comercial“

     Quizás las pocas cartas, pero no por eso menores, que puede jugar México para obtener el mayor beneficio posible de esta situación, sobre todo en el marco de la recuperación económica de la crisis post COVID-19, son, por un lado, las de fortalecer sus ventajas competitivas industriales, aprovechando la dependencia de Estados Unidos por las cadenas de suministro fuera de su territorio y que actualmente muchas de ellas dependen de las fábricas localizadas a miles de kilómetros en China y el resto de Asia; México podría impulsar un esfuerzo coordinado para que dichas inversiones asiáticas, así como sus cadenas de valor sean relocalizadas en México, más cerca y seguras para el mercado estadounidense alineándose a lo alcanzado en materia comercial respecto a las reglas de origen en los sectores industriales en el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC); por otro lado, el Gobierno mexicano debe explorar alternativas en el corto plazo para gestionar su interdependencia con los Estados Unidos de América, a través de una activa y estratégica diplomacia que ponga sobre la mesa los temas sensibles para ambos países: migración controlada y regulada, seguridad y estabilidad comercial, con estos tres temas, México puede favorecer sus objetivos nacionales de desarrollo y seguridad nacional, buscando ante todo reducir las vulnerabilidades presentes y fortalecer su posición en el mediano y largo plazo. La desglobalización aún no está definida y lo más probable es que sea una nueva globalización con reglas distintas a las actuales, ahí es dónde México debe reconocer su horizonte para definir con claridad en dónde y cómo quiere aprovecharla para mejorar sus propias capacidades materiales y espirituales, es decir su Poder Nacional.


Referencias

Calvo, A. J. (24 de Abril de 2020). ¿Puede el COVID-19 cambiar el mundo? Madrid, España.

Deloitte. (24 de Septiembre de 2019). La gran relación comercial entre México y EE.UU. Obtenido de https://www2.deloitte.com/mx/es/pages/dnoticias/articles/la-gran-relacion-comercial-mexico-eua.html

Keohane and Nye, J. (1977). Power and Interdependence. Boston, MA: Little Brown.

Naim, M. (2015). El fin del poder. Ciudad de México: Debate.

Vega, G. (2001). Seguridad Nacional. Concepto, organización y método. Ciudad de México: SEDENA.

Wolrd Health Organization. (20 de Enero de 2020). Novel Coronavirus (2019-nCoV) Situation Report-1. Obtenido de Coronavirus disease (COVID-2019) situation reports: https://www.who.int/docs/default-source/coronaviruse/situation-reports/20200121-sitrep-1-2019-ncov.pdf?sfvrsn=20a99c10_4