La ciencia y el desarrollo tecnológico como asunto de Estado y de Seguridad Nacional en México

“El mundo está en un punto de inflexión, en donde la dinámica global ha cambiado, ya que el surgimiento de nuevas crisis, como la pandemia hasta la crisis climática, la proliferación nuclear y la cuarta revolución industrial, exigen toda la atención y participación del Poder Nacional: sociedad, economía, política, desarrollos tecnológicos y por supuesto de sus fuerzas armadas.“

Joseph R. Biden, Jr. “Interim National Security Strategic Guidance“

Por Jonathan R. Maza

“La seguridad es desarrollo y sin desarrollo no hay seguridad. Un país subdesarrollado y que no se desarrolla, jamás alcanzará nivel alguno de seguridad por la sencilla razón de que no puede despojar a sus ciudadanos de su naturaleza humana. Es un aspecto complejo de la política de las naciones que va más allá de la preparación de las fuerzas militares para el combate.“ General Gerardo Clemente Vega García en su libro Seguridad Nacional. Concepto, Organización y Método.

La historia enseña lecciones para los Estados y naciones sobre cómo el atraso científico y tecnológico, aunado a modelos económicos poco competitivos en tiempos de crisis, provocan no solo escasez, sino la inestabilidad social con sus consecuencias en los campos político y económico, acelerando los procesos de decadencia del orden político e incluso, de revolución que amenazan la seguridad de los países.

Por ejemplo, a principios del siglo XIX, durante los últimos años de la existencia del Virreinato de la Nueva España, uno de los campos más deteriorados era el económico, a causa del, entre otros factores, atraso de la tecnología y su dependencia en este sector del extranjero, como lo señaló en su momento el historiador y diplomático Alexander von Humboldt:

Con respecto al resto del mundo noratlántico, Nueva España comenzó el siglo XIX en condiciones desfavorables. La tecnología aplicada a las actividades económicas era arcaica. Los mineros novohispanos no estaban interesados en introducir innovaciones para producir plata de modo eficaz, debido a la importancia y abundancia de los yacimientos. La tecnología obsoleta con que producían textiles, cerámica, papel o vinos hacía que las manufacturas novohispanas fueran poco competitivas frente a las importadas. Durante mucho tiempo, estos productos provenían de una metrópoli que tampoco era competitiva, pero cuando, debido a las guerras con Gran Bretaña, se autorizó en 1797 la llegada de barcos de naciones neutrales, Nueva España se vio inundada de manufacturas baratas, producidas en países con tecnologías y sistemas de producción más eficientes (Járegui, 2013).

Fue hasta el México independiente, una vez transcurrida la primera mitad del siglo XIX, posterior a los periodos de mayor inestabilidad política, militar y social, que el quehacer científico tuvo un proceso de institucionalización en el año de 1868, cuando el Presidente Benito Juárez promulgó la Ley Orgánica de Instrucción Pública “por medio de la cual se crearon las Escuela Nacional Preparatoria de Ingeniería y de Jurisprudencia“ (Trabulses, 1992). La nueva educación superior y científica sentaría las bases del futuro desarrollo científico y tecnológico de México, que incrementó sus aportes durante el periodo encabezado por Porfirio Díaz, pero que se vio interrumpido por la Revolución Mexicana.

Un nuevo impulso llegaría en el periodo posrevolucionario, cuando le fue otorgada la autonomía a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el año de 1929; en la década posterior se funda la Academia Nacional de Ciencias en 1930 (Méndez R. M., 2003), institución cuyo propósito era el de reunir a los científicos del país para orientar las política públicas de desarrollo científico y tecnológico de México y en cuyo seno de reuniones tuvieron debates profundos respecto al papel de la ciencia y la tecnología en los objetivos que se había trazado el proyecto de la Revolución Mexicana, especialmente los plasmados en la Constitución de 1917.

Durante el periodo conocido como el “Desarrollo Estabilizador“ que caracterizó las décadas de 1940 hasta 1970, el crecimiento económico permitió la industrialización del país, sin embargo, esta industrialización tuvo desaciertos, que más tarde se convirtieron en catalizadores para la profundización de la dependencia tecnológica industrial de México hacia el extranjero.

Miguel Aleman Harry S Truman en Washington. 29 de abril de 1947.

Por un lado, se requirieron insumos y capitales extranjeros para financiar las industrias del país, orientadas principalmente a la transformación de productos primarios. Por otro lado, de acuerdo a Tamayo (1979), durante este periodo se fomentó la inmigración de científicos, técnicos y especialistas extranjeros para ser empleados en la nueva base industrial mexicana, lo cual tuvo repercusiones para un desarrollo armonioso de la industria nacional.

En los albores de la industrialización de México, dos son los factores que permanecerán durante la mayor parte del siglo XX, caracterizando el estancamiento y rezago tecnológico: la preferencia y priorización de la ciencia y tecnología extranjera sobre la nacional a causa de un bajo desarrollo nacional propio, lo cual generó dependencia hacia el extranjero y, la escasa o insuficiente inversión pública y privada nacional en el desarrollo científico y tecnológico, principalmente por desinterés o por no contar con los recursos suficientes.

Otras instituciones fueron creadas previamente, tales como la Comisión Impulsora y Coordinadora de la Investigación, que después fue sustituida por el Instituto Nacional de Investigación Científica, que daría lugar a crear el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) en 1970 (Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, 2006). Estas instituciones inicialmente se orientaron a la investigación de ciencias exactas y a investigación básica, no aplicada necesariamente a los procesos industriales.

En lo que respecta a la industria mexicana, desde 1940 hasta los años setenta, la política industrial se orientó en el sentido que marcaba la política económica de entonces, es decir, bajo el modelo que priorizó la producción nacional y el proteccionismo comercial con la sustitución de las importaciones de bienes de consumo y bienes intermedios principalmente.

En este entorno y bajo ese modelo económico, se expide en 1972 la Ley sobre Registro de la Transferencia de Tecnología y el Uso y Explotación de Patentes y Marcas, cuyo propósito y objeto era el de regular y orientar la transferencia tecnológica proveniente del extranjero y entre nacionales, así como fomentar el uso de tecnología desarrollada en México.

Sin embargo, a finales del periodo descrito, tanto el modelo económico como la política industrial implementadas, no prosperaron bajo las nuevas circunstancias de la economía mundial de finales de la década de 1970, caracterizada por una profundización de la globalización de bienes de capital y una industrialización avanzada, mientras que México permaneció con una industria básica sin alta especialización. Lo anterior, trajo como consecuencia lo que a continuación describe sobre México un informe de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).

“Finalmente, este modelo de economía cerrada fracasa en 1976 debido a que las empresas no fueron de todo eficaces y mantenían un gran rezago tecnológico, situación que obligó al gobierno a virar el rumbo en sus políticas económicas y, por ende, las relacionadas al desarrollo del sector científico-tecnológico“.

(Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, 2002).

En este sentido, los factores que han obstaculizado al país históricamente son: la ausencia de innovación y rezago del desarrollo tecnológico, una alta dependencia del extranjero en la actividad científica y tecnológica de la industria, insuficiente inversión a la ciencia y la tecnología nacionales que estén orientadas a la producción industrial, una industria nacional básica con insuficientes mecanismos para su modernización y un andamiaje jurídico inadecuado e institucionalidad débil, debido a la falta de coordinación y articulación de las políticas públicas en la materia.

La Seguridad Nacional es un concepto que varía en su definición de acuerdo a las necesidades reales de cada Estado, por lo que, no existe un consenso general a nivel mundial de lo que es, ya que depende de la formulación que haga cada país y sus gobiernos respecto a su propio desarrollo histórico, contexto geopolítico y de los intereses y objetivos nacionales.

Por ejemplo, los Estados Unidos de América la definen como una estrategia que busca hacer frente a los desafíos entrelazados a largo plazo que exigen atención nacional sostenida y compromiso de toda su sociedad y del poder político constituido, ya que “Estados Unidos posee ventajas políticas, económicas, militares y tecnológicas incomparables“ (National Security Strategy of the United States of America, 2017).

Asimismo, establece que se deben proteger cuatro intereses nacionales vitales en un mundo competitivo: 1) La responsabilidad fundamental es proteger al pueblo estadounidense, la patria y el estilo de vida estadounidense, 2) Promover la prosperidad estadounidense, modernizando la economía para el beneficio de los trabajadores y las empresas, 3) Preservar la paz a través de la fuerza mediante la reconstrucción de su ejército para que siga siendo preeminente, disuada a sus adversarios y, si es necesario, sea capaz de luchar y ganar y, 4) Promover la influencia estadounidense en el mundo que apoye los intereses estadounidenses y refleja sus valores para su mayor seguridad y prosperidad.

Respecto al ámbito del desarrollo científico, tecnológico de su seguridad nacional, ellos definen que Estados Unidos de América debe preservar el liderazgo en investigación y tecnología para proteger su economía de los competidores que adquieren injustamente propiedad intelectual, además de que recientemente la administración del presidente Joe Biden ha identificado que el mundo está en un punto de inflexión, en donde la dinámica global ha cambiado, ya que el surgimiento de nuevas crisis, como la pandemia hasta la crisis climática, la proliferación nuclear y la cuarta revolución industrial, exigen toda la atención y participación del Poder Nacional de los Estados Unidos de América: sociedad, economía, política, desarrollos tecnológicos y por supuesto de sus fuerzas armadas.

Finalmente, establece que las tecnologías emergentes o exponenciales como la inteligencia artificial y la computación cuántica y las tecnologías de telecomunicaciones, como 5G, podrían dar forma a todo, desde el equilibrio económico y militar entre los estados hasta el futuro del trabajo, la riqueza, la desigualdad dentro de ellos y hasta los intereses nacionales.

Fuente: SEMAR

En el caso del Estado Mexicano, la Seguridad Nacional es, desde la doctrina militar, la “condición necesaria que proporciona el Estado para garantizar la prevalencia de su integridad territorial, independencia, soberanía, estado de derecho, su estabilidad política, social y económica y la consecución de sus Objetivos Nacionales“ (CODENAL-CESNAV, 2018).

De igual manera, encontramos una definición de Seguridad Nacional que ha formulado el Gobierno de México a partir de la administración federal vigente, la cual se establece tanto en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2019-2024, como en la Estrategia Nacional de Seguridad Pública, que la definen como una condición indispensable para garantizar la integridad y la soberanía nacionales, libres de amenazas al Estado, en busca de construir una paz duradera y fructífera.

“El concepto de Seguridad Nacional debe ser entendido desde una perspectiva estratégica, porque intentará anticiparse a los riesgos y amenazas; amplia, porque buscará amparar a la totalidad del conjunto social; transversal, porque involucrará a las instituciones y a los sectores nacionales que deban participar en su gestión; e integral, porque estará supeditada a una sola doctrina y estrategia. Es decir, se debe garantizar la integridad, estabilidad y permanencia del Estado democrático, así como un desempeño de gobierno ético y transparente, al mismo tiempo que fortalecer un modelo de seguridad con profundo sentido humano“.

(Gobierno de México, 2019).

Por lo que respecta al Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 (PND), contiene una definición amplia de la Seguridad Nacional, cuyo propósito es también la de fortalecer las capacidades institucionales para alcanzar objetivos estratégicos, entre los cuales destacan los siguientes: a) Fortalecer y mantener la Seguridad Interior del país y garantizar la defensa exterior de México, b) Mejorar las capacidades tecnológicas de investigación científica en los ámbitos de seguridad pública, seguridad interior, generación de inteligencia estratégica y procuración de justicia (Gobierno de México, 2019).

Por último, en el numeral 9 del PND “Repensar la seguridad nacional y reorientar a las Fuerzas Armadas“ encontramos el rol que otorga la actual administración federal a las fuerzas armadas: “El Ejército Mexicano y la Armada de México conservarán sus tareas constitucionales en la preservación de la seguridad nacional y la integridad territorial del país, la defensa de la soberanía nacional y la asistencia a la población en casos de desastre; asimismo, los institutos armados seguirán aportando a diversas esferas del quehacer nacional: aeronáutica, informática, industria, ingeniería, entre otras“ (Gobierno de México, 2019).

Lo anterior, resulta fundamental para las actividades relacionadas a la investigación científica y el desarrollo tecnológico del país, porque se establece por el poder político constituido legalmente y legítimamente que las fuerzas armadas colaborarán más estrechamente con la sociedad y se insertarán aún más en las tareas del quehacer nacional, aportando específicamente a aquellas relacionadas a la aeronáutica, informática, industria e ingeniería, por lo que es posible encontrar en documentos aprobados por el Congreso de la Unión y promulgados por el Ejecutivo Federal, el vínculo y fundamento a la determinación del involucramiento de las instituciones de las Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina Armada de México en las actividades científicas y tecnológicas que favorezcan el Desarrollo Nacional.

Lo anterior, constituye un fundamento para reconocer que se trata de un ambiente de condiciones favorables proporcionadas por la población, el territorio nacional y el poder político, para garantizar, a través de la “esfera de las decisiones colectivizadas, soberanas, coercitivamente sancionables e ineludibles “ (Sartori, 1992), la subsistencia armónica del Estado y sus elementos. También, para alcanzar óptimas condiciones para la toma de decisiones soberanas en materia tecnológica, lo cual podría favorecer el bienestar general, la condición de libertad, paz, justicia social y Estado de Derecho, que ahora en un ambiente de competencia geopolítica y especialmente de competencia tecnológica que definirá y dará forma a casi todos los aspectos de la vida de las personas, empresas y naciones, requiere de la participación activa de las instituciones del Estado, a fin de garantizar la Seguridad Nacional y aún más relevante para México, su Desarrollo Nacional.

El complejo industrial y militar en México


I. INTRODUCCIÓN

El propósito de este trabajo de investigación es el de investigar acerca de la relación de los complejos militares-industriales con el gasto de defensa en el caso del Estado mexicano, abordando dicha investigación desde un enfoque descriptivo.

A partir del siguiente cuestionamiento: ¿Cuáles son las características de la relación de los complejos militares-industriales con el gasto de defensa del Estado mexicano? orientaremos el presente ensayo para poder realizar la investigación.

Una hipótesis que se plantea es que las principales características de la relación de los complejos militares-industriales con el gasto de defensa del Estado mexicano son la escasa proporción de proyectos de investigación, desarrollo e innovación tecnológica, el bajo impacto del gasto militar al Producto Interno Bruto, así como en el Gasto Público del gobierno.

Por lo que, a partir de la hipótesis planteada a la pregunta que guía nuestra investigación, los elementos que se abordarán a continuación serán de utilidad para dar una aproximación que nos permita conocer mejor nuestro objeto de estudio.

II. DESARROLLO

La economía de defensa es el campo de la gestión y administración de los recursos nacionales, preocupado por los efectos económicos del gasto militar, la gestión de la economía en tiempos de guerra y la gestión de los presupuestos militares en tiempos de paz. En otras palabras, la economía de la defensa se encarga de analizar y estudiar la asignación de los recursos, la distribución del presupuesto público de un gobierno en materia de defensa.

Como tal, la economía de defensa implica una investigación del impacto del gasto público de defensa, tanto a nivel nacional como internacional, a través del análisis de variables clave para su comprensión, como “variables macroeconómicas de empleo, la producción y el crecimiento.  También tiene una dimensión microeconómica que implica el análisis de la base industrial de defensa, los programas de colaboración, las compensaciones, la fijación de precios y la rentabilidad de los contratos militares y la regulación de los contratistas “ (Castro, 1997). 

Entre la gran variedad de subcampos que configuran la Economía de la Defensa destaca el de la Economía Política. Uno de los campos de la Economía Política se refiere a la justificación de la intervención pública en una economía de mercado. En primer lugar la provisión de defensa es un bien público puro, porque sus beneficios son “no rivales y no excluyentes para un país y sus aliados, de forma que el coste marginal de proveer defensa a un individuo adicional es cero“ (Castro, 1997).

Otro fallo de mercado es el de la extenalidad que surge cuando un agente económico influye en el bienestar de otro sin que medie contraprestación. En este marco se encuadra el análisis de las alianzas internacionales y su financiación. Otro de los aspectos de la economía de la defensa que pueden analizarse desde la Economía Política es el de la organización administrativa de los sistemas de defensa, y sus repercusiones desde el punto de vista de la gestión pública, cómo influye esta en la eficacia y en la eficiencia de este gasto, las diferencias entre el servicio militar voluntario u obligatorio, los sistemas de contratación y sus efectos sobre los costes. Otro de los aspectos sería el de la producción armamentística y su inclusión o no en el campo de la empresa pública y los problemas de gestión específicos que surgirían o no en este último caso.

El Gasto Público Militar o gasto público en Defensa “es aquel que dedica el gobierno de un país a pagar los costes que se derivan del personal militar y civil, incluidas las pensiones de retiro del personal militar y servicios sociales para el personal, operación y mantenimiento, compras, investigación y desarrollo militares, y ayuda militar“ (Expansión Datosmacro, 2018).

Los complejos militares-industriales son ecosistemas de naturaleza económica, política y militar, que actúan en los países en distintos niveles y produndidad, según el grado de maduración y desarrollo de economía de defensa de un Estado. Los complejos de este tipo son operados bajo financiamiento público, destinado principalmente a las actividades de investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación (I+D+i), además de contratos para la industria civil y militar de defensa.

 (Hernández, 2009)

Por lo que respecta al impacto en la economía de defensa, los complejos militares-industriales tienen efectos sobre la producción de los bienes y servicios derivados de la industria de defensa, y externalidades en otros bienes y servicios relacionados a dicha industria, muchas veces producto de los beneficios de la investigación, desarrollo e innovación tecnológicas del sector de defensa. Por lo que la reducción el aumento de los presupuestos de defensa sí afectan a las empresas que forman parte de la base industrial y tecnológica de defensa, así como a las capacidades de las Fuerzas Armadas de un Estado (Fonfría, 2011).

El alcance del gasto de defensa y su impacto sobre el sector industrial, la I+D+i, es necesario analizarlo para establecer algunas posibles soluciones para incentivar, preservar y potenciar el tejido empresarial nacional, la ventaja tecnológica adquirida y el servicio público de la defensa en el Estado mexicano. De la política industrial y de los presupuestos del sector relacionado a la Defensa en México podríamos decir que dependen:

 “(1) los costes y sobrecostes que se soportan desde el presupuesto con el fin de desarrollar una industria puntera y competitiva; (2) el efecto multiplicador que la industria de la defensa obtiene con la creación y desarrollo de nuevas tecnologías cuyo destino no tiene que ser únicamente militar y, de hecho, no lo es, generando beneficios en el mercado civil; y (3) la búsqueda de unos complejos equilibrios entre mantenimiento de empleos y reducción de sobrecapacidades en algunas industrias de defensa y la apertura de nuevos mercados internacionales a partir de tamaños y capacidades que se encuentran en desventaja respecto de la mayor parte de los competidores“

(Fonfría, 2011)

En México, el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, en el marco de su estrategia programática, establece que el Programa Sectorial del ramo 07 de Defensa Nacional, correspondiente a la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), como institución integrante de la Administración Pública Federal (sector central), está encargada de planear, conducir, coordinar y supervisar el desarrollo de sus actividades con base en los objetivos, estrategias y prioridades del Plan Nacional de Desarrollo, en su programa de operación y desarrollo, así como, organizar, equipar, educar, adiestrar, capacitar, administrar y desarrollar a las Fuerzas Armadas de tierra y aire, planear, dirigir y manejar la movilización del país en caso de guerra, con objeto de defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación; además de los servicios civiles que a dichas Fuerzas señale el Ejecutivo Federal.

Para cumplir con las actividades sustantivas y de operación, la SEDENA cuenta con los siguientes Programas Presupuestarios autorizados para el Ejercicio Fiscal 2019.

  • Actividades de apoyo administrativo.
  • Investigación y desarrollo tecnológico, producción y mantenimiento de armamento, municiones, explosivos, vehículos y equipos militares y sus accesorios.
  • Defensa de la Integridad, la Independencia, la Soberanía del Territorio Nacional.
  • Operación y desarrollo de la Fuerza Aérea Mexicana.
  • Programa de la Secretaría de la Defensa Nacional en apoyo a la Seguridad Pública.
  • Programa de sanidad militar.
  • Programa de emergencias radiológicas externos (P.E.R.E.).
  • Producción de árboles en viveros forestales militares.
  • Derechos humanos.
  • Investigación, desarrollo y producción de vestuario y equipo militar y mantenimiento de infraestructura.
  • Mantenimiento y conservación de la infraestructura militar y maquinaria pesada y administración inmobiliaria.
  • Programa de justicia militar.
  • Sistema educativo militar.
  • Investigación y desarrollo militar en coordinación con universidades públicas, instituciones públicas de educación superior y/o demás centros públicos de investigación superior.
  • Salud y producción animal.
  • Fortalecimiento de las Capacidades de Auxilio a la población civil mediante el Plan DN-III-E.
  • Fortalecimiento del sistema de inteligencia militar.
  • Programa de igualdad entre mujeres y hombres SDN.
  • Otros proyectos de infraestructura social.
  • Proyectos de infraestructura gubernamental de seguridad nacional.
  • Programa de Becas para los hijos del Personal de las Fuerza Armadas en activo.
  • Fideicomiso de apoyo a deudos de militares fallecidos o a militares que hayan adquirido una incapacidad en 1/a. categoría en actos del servicio considerados de alto riesgo.
  • Previsión para el fortalecimiento de infraestructura naval y militar.
  • Provisiones para infraestructura de seguridad pública y ejército.
  • Provisiones para la modernización y rehabilitación de la infraestructura aeroportuaria y de conectividad. (Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 2019).

Lo anterior, permite observar los rubros que la SEDENA presenta para operar presupuestos y proyectos relacionados al gasto de defensa y otros elementos, de manera que coadyuve de manera ininterrumpida con las actividades sustantivas relacionadas con el tema de Seguridad Nacional, así como las misiones que le son encomendadas en su Ley Orgánica en forma conjunta con los tres órdenes de Gobierno.

En materia de I+D+i, el gasto público en defensa se puede observar a través del Fondo Sectorial de Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos. Dicho fondoSEDENA-CONACYT es un “Fideicomiso creado para la instrumentación y el financiamiento de acciones de investigación, de desarrollo científico, tecnológico y de innovación en áreas del conocimiento que requiere el Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos“ (CONACYT, 2018).

Fuente: Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, 2018.

En el cuadro se muestran los proyectos y los montos autorizados por el fondo sectorial en materia de inversión y gasto público para la investigación, desarrollo e innovación tecnológica en materia de defensa, el cuál asciende a $175,063,541.69 de pesos mexicanos.

III. CONCLUSIÓN

En México el gasto público en materia de defensa muestra una relación de asenso con respecto al presupuesto del gobierno, sin embargo no es posible establecer un impacto considerable con respecto al PIB.

El propósito de este trabajo correspondió a la investigación de la relación de los complejos militares-industriales con el gasto de defensa en el caso del Estado mexicano, en el cual se encontró evidencia de que dicha relación se da a través del gasto que ejerce el gobierno para invertir en las actividades que desempeña la Secretaría de la Defensa Nacional.

Las principales características de la relación de los complejos militares-industriales con el gasto de defensa del Estado mexicano, en efecto corresponden a la realización proyectos de investigación, desarrollo e innovación tecnológica, que en su caso representan una escasa proporción, con bajo impacto del gasto militar al Producto Interno Bruto, así como en el Gasto Público del gobierno. Por ejemplo se observa que el Fondo Sectorial del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología en conjunto con la Secretaría de la Defensa Nacional es de apenas $175,063,541.69 de pesos mexicanos, para tan solo cuatro proyectos tecnológicos a lo largo del periodo 2014-2016, sin contar aún con datos precisos en los años 2017, 2018 y 2019.

Lo anterior indica que existen áreas de oportunidad, y de vulnerabilidad, que deben ser debidamente atendidas por las instituciones públicas del Estado mexicano; la colaboración entre agencias encargadas de ámbitos de la seguridad y defensa nacional, con la academia y la industria, que constituyen los complejos industriales y militares en otros países, son ámbitos de cooperación estratégicos y fundamentales para la consecución de objetivos e intereses nacionales.


IV. REFERENCIAS

Castro, A. V. (Mayo de 1997). El gasto en defensa en la economía pública. Madrid, España.

CONACYT. (2018). Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Recuperado el Diciembre de 2019, de https://www.conacyt.gob.mx/index.php/fondos-sectoriales-constituidos2/item/sedena-conacyt

Expansión Datosmacro. (2018). Gasto público Defensa. Recuperado el Diciembre de 2019, de Expansión Datosmacro.com: https://datosmacro.expansion.com/estado/gasto/defensa?anio=2018

Fonfría, A. (2 de noviembre de 2011). Presupuesto, tecnología e industria de defensa: una ecuación con tres incógnitas (ARI). Madrid, España.

Hernández, C. S. (2009). El Pentagono System y el complejo militar industrial Estadounidense: una aproximación. Roma, Italia.

Secretaría de Hacienda y Crédito Público. (2019). Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Recuperado el Diciembre de 2019, de https://www.ppef.hacienda.gob.mx/work/models/PPEF2019/docs/07/r07_epr.pdf