El G20 y la ansiedad global

El G20 y sus retos. La cuarta revolución industrial. Efectos económicos, políticos y culturales.

La incertidumbre financiera global ha llevado a la humanidad a la era de la ansiedad, donde los empleos mal pagados, el aumento de la inflación y los precios de los productos son la constante en la economía. En lo que respecta a la democracia, los efectos de la ansiedad colectiva han derivado en la pérdida de confianza en las instituciones políticas, y la democracia pierde cada vez más adeptos.

La actual coyuntura política y económica mundial presenta enormes retos para la gobernanza global: el estancamiento de las economías emergentes, el decrecimiento de las economías desarrolladas, el auge de nacionalismos autoritarios en Europa y Estados Unidos de América, el referéndum por el Brexit en Reino Unido y su efecto desestabilizador en la Unión Europea, las migraciones masivas, la creciente decepción por la democracia en distintas regiones como en Latinoamérica, la caída de los precios del petróleo, el alza de las deudas públicas nacionales, las divergencias en las políticas monetarias de los países desarrollados y los escándalos internacionales por corrupción de gobiernos y empresas como los “Panama Papers” y la impunidad que impera en estos casos.

Después de la crisis financiera de 2008, el modelo financiero de gobernanza global, surgido del Bretton Woods (1944) comenzó a ser cuestionado seriamente. La globalización, que por décadas fue anunciada como la vía más rápida para llevar prosperidad económica a las naciones, también comenzó a ser criticada, pues ni ha logrado sostener niveles de vida dignos para todos, ni ha reducido las brechas de desigualdad, al contrario, éstas han aumentado. En este contexto es que toma fuerza el denominado G20, como foro informal que reúne a los 20 países con las economías más grandes e importantes a nivel internacional, representando el 80% del comercio mundial y más del 86% del PIB.

El G20 se reúne de forma anual y es presidido por un periodo de un año de forma rotativa por uno de los países miembros, y este año es China quien preside las reuniones que se llevan a cabo los días 4 y 5 de septiembre en la ciudad de Hangzhou, provincia de Zhejiang. La agenda de esta cumbre internacional versa en temas como la regulación y nuevo diseño de una arquitectura financiera global que sea incluyente y que de mayor certidumbre a los mercados internacionales; también hablarán sobre la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de la ONU, el cambio climático, la industrialización de África y en los países menos desarrollados, políticas laborales, seguridad alimentaria, salud, cooperación internacional, terrorismo, y finalmente sobre la relevancia de la innovación, la economía digital y la Cuarta Revolución Industrial.

Más allá de la agenda global a discutir en las mesas de negociación, lo que los líderes mundiales se juegan es la viabilidad de sus países y sus proyectos, tal es el caso de Obama en Estados Unidos de América frente al riesgo que representa Trump, Vladimir Putin en Rusia y Eurasia intenta consolidar un proyecto geopolítico y cultural alternativo frente al establishment de la alianza del Atlántico Norte, para muestra está su actuación en Medio Oriente, la promoción de leyes anti aborto, la prohibición del matrimonio igualitario y la adopción por parejas del mismo sexo, todo lo contrario a lo que promueven sus contrapartes europeos y americanos. Por otro lado, China que avanza cada vez más con pasos de gigante con la fuerza del comercio internacional, pero con la debilidad de un mercado interno anémico.

Como ya lo hemos comentado en anteriores colaboraciones, el motor fundamental del siglo XXI será el talento humano, es decir, las personas y no los flujos de capital. Por esta razón la mayor crisis que enfrentará Europa es la falta de población identificada con occidente (culturalmente hablando), frente a las olas de migración masiva de poblaciones de orígenes y claves culturales completamente distintos, que no pretenden adaptarse ni a las instituciones democráticas ni a los valores occidentales sobre las cuales se sostienen. El problema de Europa es demográfico, después será político y finalmente cultural. Por ello surgen las reacciones políticas nacionalistas como el Brexit en Reino Unido o los partidos identitarios como Alternativa para Alemania (AfD) que ha desplazado al partido gobernante de la canciller alemana Angela Merkel, o Le Manif pour Tours y el Front National en Francia.

Estamos siendo testigos del cambio de época que suscita acciones y reacciones alrededor del mundo. La ciencia, la tecnología, la innovación, la economía, la política y la cultura están siendo tan relevantes, todas al mismo tiempo, que es necesario comprender su interconexión y habituarnos a dar respuestas en todos esos ámbitos de la vida humana, para proponer soluciones holísticas e integrales.

Hasta la próxima colaboración…

Twitter: @jonathanmaza

El cambio de época: La Cuarta Revolución Industrial

 

Por Jonathan R. Maza 

Nos encontramos en los albores de una revolución industrial que está cambiando contundentemente la manera en cómo vivimos, trabajamos y nos relacionamos unos con otros.

La máquina de vapor dio lugar a la Primera Revolución Industrial, a través de la producción mecánica de las cosas. La Segunda Revolución Industrial usó el poder eléctrico para crear la producción en masa y la Tercera Revolución Industrial usó la electrónica y las tecnologías de la información para automatizar la producción industrial.

Hoy en día, una nueva revolución está emergiendo. Se trata de la Cuarta Revolución Industrial, la de la era digital que surgió desde la segunda mitad del siglo XX, y está caracterizada por la convergencia y la fusión de diferentes tecnologías que están borrando la barrera entre el mundo físico, el digital y el biológico.

Pero hay razones de sobra para reconocer que esta nueva revolución industrial no sólo es una simple prolongación de la Tercera Revolución, ya que se caracteriza por tres razones fundamentales: velocidad, amplitud e impacto en los distintos ámbitos en la realidad de la vida humana.

Esta nueva revolución industrial está irrumpiendo en cualquier tipo de industrias en todos los países del mundo, la amplitud y la profundidad de estos cambios apenas anuncian la transformación completa de los sistemas de producción, gestión y gobernanza.

En la actualidad vivimos en un mundo hiperconectado, que ofrece a millones de personas permanecer conectados a través de dispositivos móviles, con una capacidad de poder de procesamiento, almacenamiento y acceso al conocimiento, situaciones sin precedentes en la historia de la humanidad. Estas posibilidades se multiplicarán debido a las nuevas tecnologías disruptivas, como la Inteligencia Artificial, la robótica, el Internet de las Cosas, los vehículos autónomos, impresoras 3D, nanotecnología, biotecnología, almacenamiento de energía y las computadoras cuánticas.

El mundo del futuro cercano combinará la fabricación de tecnologías digitales con el mundo biológico. Por ejemplo, actualmente los ingenieros, diseñadores y arquitectos trabajan conjuntamente en la combinación del diseño computacional, la manufactura aditiva, ingeniería de materiales y biología sintética para la creación simbiótica entre microorganismos, nuestros cuerpos y los productos que consumimos, y más aún las construcciones y edificios en los que habitamos.

 La Cuarta Revolución Industrial, como en todas las revoluciones industriales anteriores, tiene el potencial de elevar los ingresos económicos globales y ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas. Sin embargo, apenas serán las personas que tienen acceso a las tecnologías digitales las que podrán aprovechar de mejor forma los beneficios de esta nueva era económica y tecnológica. Esto ya presenta un serio reto de desigualdad social y económica.

Algunos economistas como Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee han apuntado sobre las consecuencias de inequidad, desigualdad y particularmente la disrupción sobre los mercados laborales y sus efectos derivados de esta nueva revolución industrial. La automatización con máquinas inteligentes progresivamente reemplazará a millones de personas en trabajos en toda la economía. Sin embargo, las nuevas tecnologías y la innovación abrirán nuevas oportunidades a personas con capacidades más sofisticadas y tecno-científicas.

En el futuro cercano el talento humano y la creatividad, más que el capital, serán factores clave en el proceso de producción y toda la economía, esto derivará en la segmentación en el mercado laboral entre quienes tienen “bajas habilidades laborales”, o habilidades menos sofisticadas y que accederán a bajos salarios, y quienes tienen” altas habilidades” con acceso a mejores salarios.

Eso será una dicotomía que dejará estancadas a las clases medias trabajadoras, que puede generar tensiones socio-políticas importantes, sobre todo en los países desarrollados y en los que están en vías de desarrollo.

Por esta razón la desigualdad social, laboral y económica, así como el estancamiento económico de las clases medias en países desarrollados, representan retos importantes ante este salto tecnológico y económico que es la Cuarta Revolución Industrial. Sin embargo, el reto fundamental y más urgente versa en cómo llevar a las personas al centro de esta nueva revolución tecnológica e industrial, para que no se convierta en el monstruo que devore al hombre y destruya su dignidad.

El desprestigio presidencial y la era de los liderazgos abrumados

La noticia de los párrafos plagiados en la tesis de licenciatura del presidente de México Enrique Peña Nieto ya le dio la vuelta al mundo, y con ello un aspecto de su vida personal vuelve a aparecer en la vitrina pública, la cual hace una vez más evidente los tropiezos del presidente.

Queda muy claro que el desprestigio presidencial como táctica de desestabilización del gobierno actual es la constante desde que asumió el poder en 2012, la pregunta es quién o quiénes orquestan dichas acciones. Un problema mayor se presenta cuando por más que la maquinaria mediática oficialista se aliste a implementar la estrategia de contención de daños por cada uno de los escándalos del presidente, su familia y sus colaboradores más cercanos, no ha sido tan efectiva en lograr su objetivo cuando se trata de detener o minimizar la vitrina que hace viral cualquier noticia o escándalo: internet.

La periodista Carmen Aristegui, autora material de la investigación que sacó a la luz el asunto de la tesis plagiada, utilizó su sitio web para publicar y publicitar la nota, en especial fue el uso de las redes sociales lo que le dio el poder de atraer la atención de miles (o millones) de espectadores locales y extranjeros, al grado de que hoy la noticia ha sido publicada en medios extranjeros de Europa y Estados Unidos de América.

Lo interesante de este hecho, como muchos otros escándalos mediáticos relacionados a un líder político o empresarial, es que estamos presenciando la caída de los viejos paradigmas del ejercicio del liderazgo, que se basaban en principios perennes e inamovibles, viejas estrategias del uso del poder, la autoridad y el liderazgo de forma vertical. Hoy en una era de negocios y política globalizados, de incertidumbre financiera y escrutinio mediático, el arte de liderar se ha vuelto más complejo de lo que ya era, y las dificultades de ejercerlo han escalado a otro nivel.

En esta era de la globalización y la hiperconectividad quienes pensaban que estos dos aspectos no son relevantes para el ejercicio del poder, tendrán que pensarlo de nuevo. No son pocos los líderes que afirman sentirse abrumados ante tal nivel de incertidumbre, complejidad y escrutinio público mediático. La internet y las redes sociales pueden convertirse en las peores o en las mejores aliadas para ejercer un liderazgo, la clave está en comprender y practicar el liderazgo de tipo horizontal, cooperando, colaborando y co-liderando, para contener y avanzar hacia muchos frentes abiertos al mismo tiempo.

Uno de los mayores problemas a los que se puede enfrentar un líder político de cualquier nivel en la actualidad es a “no entender que no entiende”, sobre todo cuando se le habla de estos aspectos tan relevantes para adaptarse a nuevas realidades que le exigen transparencia y honestidad, y que a su vez se traduzcan en empatía hacia las necesidades de quienes le siguen y para quienes se debe: los ciudadanos. La humildad es la virtud que hoy necesitan nuestros políticos y servidores públicos, para hacer de su liderazgo un activo sostenible en los mares de la política frente a sociedades cada vez más críticas e informadas.