El día después del COVID-19. México y el mundo.

En el mundo somos casi 8 mil millones de seres humanos viviendo en más de 200 países y territorios soberanos – algunos de ellos aún en disputas-. Nuestro planeta es habitable y el mundo es a la vez un sistema ordenado por el caos, mientras que algunas otras ocasiones se equilibra por la acción de países superpotencia como Estados Unidos de América y por potencias regionales como China, Rusia, Reino Unido y la Unión Europea.

     La historia nos ha enseñado muchas lecciones, una de ellas es que los cambios en el equilibrio de poder en el sistema internacional suceden más por las actitudes, percepciones y acciones que toman los Estados en relación a su posición en el mundo, es decir mediante el cálculo de su Poder Nacional para preservar sus propios objetivos estratégicos e intereses nacionales (Vega, 2001).

     Sin embargo no todos los Estados tienen las capacidades para proyectar su Poder Nacional al ámbito regional o internacional, siendo éstos los países en desarrollo los que procuran que el uso de sus recursos se orienten a fomentar su desarrollo y garantizar así su seguridad interna. En muchas circunstancias este tipo de Estados se encuentran a merced de los cambios acelerados por nuevas transformaciones tecnológicas guiadas por los mercados o por por los movimientos realizados por las potencias mundiales y no necesariamente en respuesta a las necesidades de sus propios objetivos e intereses nacionales, suelen ser países con una alta dependencia en diversos aspectos.

En el contexto internacional contemporáneo, en el que el elemento económico ha sido el hilo conductor preponderante de las relaciones internacionales, las crisis económicas y financieras han sido una de las causas de mayores afectaciones para los países en desarrollo, especialmente para aquellos que se han insertado exitosamente en el paradigma del libre mercado y la interdependencia económica (Keohane and Nye, 1977) generada por las cadenas globales de producción, valor y suministro, países como México, Brasil, India o República Checa bien podrían figurar en este tipo de países.

     Sin embargo, fenómenos como la crisis financiera del año 2008 generada por la burbuja inmobiliaria que provocó incertidumbre a nivel global, trayendo consigo pérdida masiva de empleos, disminución del poder adquisitivo de millones de personas, que en otro tiempo se beneficiaron del libre mercado; así también, tras la crisis aumentó la fragilidad de la economía globalizada. En lo que respecta a la democracia, los efectos de la ansiedad colectiva han derivado en un creciente descontento hacia el orden liberal establecido y la pérdida de confianza en las instituciones políticas, de esta manera la democracia ha perdido cada vez más adeptos en lugares donde antes no se hubiera ni siquiera imaginado en riesgo (Naim, 2015).

     Desde entonces, la política y economía a nivel mundial enfrentan enormes retos para lograr una mejor gobernanza de los asuntos globales: el estancamiento de las economías emergentes, el decrecimiento de las economías desarrolladas, el auge de nacionalismos autoritarios en Europa y Estados Unidos de América, el referéndum por el Brexit en Reino Unido y su efecto desestabilizador en la Unión Europea, las migraciones masivas, la creciente decepción por la democracia en distintas regiones como en Latinoamérica, la caída de los precios del petróleo, el alza de las deudas públicas nacionales, las divergencias en las políticas monetarias de los países desarrollados y los escándalos internacionales por corrupción de gobiernos y empresas así como una significativa impunidad que impera en estos casos, todo estos fenómenos o procesos desestabilizadores hacia dentro de los países con efectos negativos en el ámbito de la cooperación y el multilateralismo, así como en el propio orden internacional.

“…la mayor pandemia conocida desde inicios del siglo XX, misma que ya ha contagiado a casi 5 millones de seres humanos y causado la muerte de más de 300,000 personas alrededor del mundo.“

     Por otro lado, recientemente con la aparición de la pandemia del coronavirus COVID-19, que en diciembre de 2019 en Whuan, China comenzó el brote de este nuevo virus (Wolrd Health Organization, 2020) que ha provocado la mayor pandemia conocida desde inicios del siglo XX, misma que ya ha contagiado a casi 5 millones de seres humanos y causado la muerte de más de 300,000 personas alrededor del mundo. Ante esta nueva disrupción que enfrenta la humanidad, han surgido dudas sobre cuáles son los efectos reales de esta nueva pandemia en las economías, los sistemas de gobierno y en el orden internacional.

     Al respecto de esta situación, algunos analistas se han preguntado si a caso esta crisis global de salud, con afectaciones en distintos campos del Poder Nacional de los Estados y en consecuencia con efectos sobre el sistema internacional, provocará un nuevo orden internacional. Aún no es posible determinar con certeza qué es lo que sucederá en el futuro inmediato a niveles sistémicos, pero si es posible delinear algunos escenarios considerando los procesos previos a la pandemia que venían deteriorando las reglas del orden establecido y las tendencias que seguían hasta el momento actual (Calvo, 2020).

     Respecto al lo anterior, el coronel español José Luis Calvo Albero (2020) señala que “un efecto histórico de las epidemias es la deslegitimación del poder si (el gobierno) se ve superado por los acontecimientos“, por lo que es posible vislumbrar que ante el desconocimiento del virus de esta pandemia, que aún no se cuenta con una vacuna para terminarla y que los sistemas de salud se han visto superados por la cantidad de enfermos y muertos, el poder continuará en la espiral de deslegitimación y desgaste.

     Previo a la aparición de la pandemia, el sistema internacional ya se encontraba en un serio proceso de desfragmentación, las instituciones multilaterales siendo diezmadas por los propios Estados que las integran y la cooperación internacional en franco declive. “La pandemia tendrá consecuencias geopolíticas puede que considerables, pero sería bastante raro que nos trajese algo radicalmente nuevo y lo más probable es que simplemente sirva de catalizador para fenómenos que ya existían antes de su aparición“ (Calvo, 2020). Por ejemplo la creciente rivalidad y competencia entre Estados Unidos y China en diferentes campos como el comercial y tecnológico e incluso militar que no puede ser descartado.

Fotografía: © Reuters

“Un escenario probable es que la pandemia ponga de manifiesto mayores hostilidades entre las potencias regionales, que de por si ya se encontraban en disputas comerciales o territoriales“

     Un escenario probable es que la pandemia ponga de manifiesto mayores hostilidades entre las potencias regionales, que de por si ya se encontraban en disputas comerciales o territoriales, como sucede ahora en el sudeste asiático o como ya se ha mencionado en el caso de la rivalidad entre China y Estados Unidos, por las posturas que han mostrado públicamente sus líderes, para muestra de ello bastaría observar las declaraciones del presidente de Estados Unidos Donald Trump culpando a China como la causante del desastre en el manejo de la pandemia.

     Pero ¿es posible y probable que la fragmentación de la globalización y la rivalidad entre China y Estados Unidos escale a niveles que afecten significativamente el equilibrio de poder y el orden internacional actuales? ¿De qué manera afectaría esta situación a los países en desarrollo como México? Para poder responder a ello es necesario traer al tema la teoría desarrollada por Keohne y Nye (1977) sobre el poder y la interdependencia compleja entre los Estados en el sistema internacional, especialmente entre las relaciones asimétricas de quienes tienen mayor poder y los que tienen menores capacidades de este.

     México, que cuenta con un Poder Nacional limitado respecto a su vecino Estados Unidos, que es la única superpotencia global, escenifica el claro ejemplo de una relación de poder asimétrica y a la vez interdependiente, por un lado, la interdependencia se ha incrementado entre ambos países debido a la cada vez más profunda relación comercial, que desde la II Guerra Mundial ha tenido su desarrollo y se profundizó a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), de esta manera hoy encontramos que las características actuales son las siguientes: que el 80% de las exportaciones mexicanas se destinan a los Estados Unidos, convirtiendo a México en su socio comercial más importante, superando, incluso, a China y Canadá, países que en las últimas décadas han tenido los lazos comerciales más fuertes con la principal economía del mundo (Deloitte, 2019).

     La interdependencia entre ambos países no solo representa un argumento para delinear posibles escenarios de cooperación y de conflicto, puesto que al estar tan íntimamente ligados en lo económico y comercial, sobre todo en lo que respecta a la fundamental actividad industrial y sus cadenas de suministro, que son estratégicas para los Estados Unidos como la industria automotriz y otras de manufactura avanzada, mismas que se encuentran localizadas en México, la relación no está exenta de los efectos del tipo de liderazgo que juega la superpotencia en el ámbito internacional, especialmente cuando ha abandonado las causas del multilateralismo para virar más hacia un proteccionismo que limita las alternativas de cooperación y agudiza las aristas de conflicto.

El tipo de interdependencia entre México y Estados Unidos representa una mayor ganancia de poder para el segundo que para el primero, a pesar de la benéfica relación comercial entre ambos, ya que en toda relación de interdependencia, tal y como apunta la teoría, la asimetría genera ganancias de poder para quien tiene ventajas. Esta situación de facto, pone de manifiesto una enorme vulnerabilidad para México, al ser muy dependiente de las exportaciones comerciales hacia los Estados Unidos, sin embargo las alternativas no son muchas, tanto por la ubicación geopolítica del país, que lo ubica también en una zona del paraguas de seguridad nacional del vecino del norte, como por el poco interés de los sectores privado y públicos para migrar a otras latitudes que diversifiquen el comercio, pues hasta ahora no han encontrado incentivos suficientes que superen la facilidad de acceso que ofrece la ubicación tan cercana al mayor mercado de consumo mundial.

“…el Gobierno mexicano debe explorar alternativas en el corto plazo para gestionar su interdependencia con los Estados Unidos de América, a través de una activa y estratégica diplomacia que ponga sobre la mesa los temas sensibles para ambos países: migración controlada y regulada, seguridad y estabilidad comercial“

     Quizás las pocas cartas, pero no por eso menores, que puede jugar México para obtener el mayor beneficio posible de esta situación, sobre todo en el marco de la recuperación económica de la crisis post COVID-19, son, por un lado, las de fortalecer sus ventajas competitivas industriales, aprovechando la dependencia de Estados Unidos por las cadenas de suministro fuera de su territorio y que actualmente muchas de ellas dependen de las fábricas localizadas a miles de kilómetros en China y el resto de Asia; México podría impulsar un esfuerzo coordinado para que dichas inversiones asiáticas, así como sus cadenas de valor sean relocalizadas en México, más cerca y seguras para el mercado estadounidense alineándose a lo alcanzado en materia comercial respecto a las reglas de origen en los sectores industriales en el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC); por otro lado, el Gobierno mexicano debe explorar alternativas en el corto plazo para gestionar su interdependencia con los Estados Unidos de América, a través de una activa y estratégica diplomacia que ponga sobre la mesa los temas sensibles para ambos países: migración controlada y regulada, seguridad y estabilidad comercial, con estos tres temas, México puede favorecer sus objetivos nacionales de desarrollo y seguridad nacional, buscando ante todo reducir las vulnerabilidades presentes y fortalecer su posición en el mediano y largo plazo. La desglobalización aún no está definida y lo más probable es que sea una nueva globalización con reglas distintas a las actuales, ahí es dónde México debe reconocer su horizonte para definir con claridad en dónde y cómo quiere aprovecharla para mejorar sus propias capacidades materiales y espirituales, es decir su Poder Nacional.


Referencias

Calvo, A. J. (24 de Abril de 2020). ¿Puede el COVID-19 cambiar el mundo? Madrid, España.

Deloitte. (24 de Septiembre de 2019). La gran relación comercial entre México y EE.UU. Obtenido de https://www2.deloitte.com/mx/es/pages/dnoticias/articles/la-gran-relacion-comercial-mexico-eua.html

Keohane and Nye, J. (1977). Power and Interdependence. Boston, MA: Little Brown.

Naim, M. (2015). El fin del poder. Ciudad de México: Debate.

Vega, G. (2001). Seguridad Nacional. Concepto, organización y método. Ciudad de México: SEDENA.

Wolrd Health Organization. (20 de Enero de 2020). Novel Coronavirus (2019-nCoV) Situation Report-1. Obtenido de Coronavirus disease (COVID-2019) situation reports: https://www.who.int/docs/default-source/coronaviruse/situation-reports/20200121-sitrep-1-2019-ncov.pdf?sfvrsn=20a99c10_4

Trump: La oportunidad para México

La era Trump está por comenzar y con ella una nueva era en las relaciones entre los Estados Unidos de América, México y el mundo. La mayoría de los mexicanos hemos caído en una especie de neurosis ante el arribo de Donald Trump, sin embargo, hemos dejado de lado que no somos el único país amenazado, y un conjunto de países alrededor del mundo se encuentran más preocupados por los anuncios del próximo presidente norteamericano en materia de política exterior: los países de la Unión Europea, Europa del este, Asia, en especial China, y muchos otros han emitido signos de preocupación ante el aparente proceder de Trump, que pondría en riesgo los mercados internacionales, sus economías nacionales e incluso la viabilidad del desarrollo mismo de esos Estados. Tal es el caso de los países que se enfrentan a los intereses expansionistas de Rusia, que como en los casos de Crimea y Ucrania, la Rusia de Putin ha demostrado su poder e intención de invadirlos y controlarlos, escenario probable si Trump cumple sus advertencias de abandonar su rol preponderante en las fuerzas de coalición militar internacional de la OTAN, de la cuál dependen ampliamente los países de Europa del este.

Por ello, el escenario internacional ante el que nos enfrentamos en México es al de una nueva era de re-configuración geopolítica y de alineación de intereses en el mundo, y esto presenta por supuesto posibles desafíos pero también abre nuevos horizontes de oportunidades para México, pues cuenta con una posición geopolítica envidiable y cuenta con elementos internos atractivos para distintos mercados e inversiones. Tal alineación de intereses con otras naciones, fuerzas económicas y geopolíticas podría poner a México en una posición de fortaleza frente a nuevas negociaciones de tipo comercial y diplomático con EE.UU. y reducir las desventajas de la relación asimétrica.

Sin embargo, las amenazas hechas durante la campaña de Trump, y ante la incertidumbre que representa su tipo de liderazgo, probablemente podrán afectar las ventajas que México podría obtener en materia comercial, de seguridad y migración; en gran parte dependerá de la capacidad de los tomadores de decisiones del actual Gobierno de México y de que el país y sus instituciones logren sortear la elección presidencial venidera de 2018. Pero sobre todo, estos posibles escenarios nos sitúan como país ante la disyuntiva de repensar la relación bilateral, elegir si queremos continuar bajo las mismas premisas y estrategias hasta ahora realizadas pero que tuvieron origen en una época distinta, o reflexionar y rediseñar nuevas estrategias y maneras de proceder que nos aseguren un rol determinante en la arena internacional, y con ello minimizar o reducir los riesgos que traería la presidencia de Trump para México.

En otros escenarios y latitudes geopolíticas, China se ha erigido desde hace varios años, en una potencia emergente en todos los sentidos, que a pesar de la fuerza con la que ha despertado el gigante asiático, ahora comienza a enfrentar los signos de su desaceleración económica. Recientemente la voz del todopoderoso presidente Chino, Xi Jinping, se hizo escuchar en el Foro Económico Mundial (WEF) de Davos, Suiza, pronunciándose a favor del libre comercio y llamando a la comunidad internacional a aprovechar con nuevo ímpetu, a las fuerzas de la globalización para que esta beneficie a la mayor población posible en el mundo. Paradójicamente el país menos liberal y donde más se restringen las libertades políticas, ahora se posiciona como el nuevo portavoz del libre comercio, ante una eventual postura aislacionista y nacionalista de los EE.UU.

En el caso de Rusia, y bajo el liderazgo del autócrata Vladimir Putin, la estrategia que ha desplegado es la de aprovechar cada una de las nuevas oportunidades que ofrecen los escenarios internacionales actuales, para con ello consolidar su papel preponderante en un orden internacional multipolar, donde EE.UU. y los países de la Unión Europea, han ido dejando espacios o procurando que éstos no sean los únicos en llevar el tono cantante de las decisiones globales. Por otro lado, en una manera sorpresiva e inusitada, el Reino Unido ahora se encuentra abandonando la Unión Europea, rediseñando de facto así su rol en el orden internacional y replanteando las estrategias para afrontar un cambio de época que la afectado a lo interno y externo; dicho capítulo geopolítico representará un cambio histórico para Europa en su conjunto y aún con definiciones inciertas de qué sucederá o cómo afectara al proyecto de la Unión Europea.

Volviendo al caso de México, es necesario que sus líderes y tomadores de decisiones piensen y actúen de forma estratégica, pues así como otros países lo están haciendo, debe reflexionar sobre sus objetivos nacionales, los intereses que deberá desplegar y replantear su política exterior, entre otros elementos del potencial del Estado. La mirada debe centrarse en el mediano y largo plazo, considerando las variables geopolíticas que hemos mencionado, procurando entender lo que está sucediendo en el entorno global y rediseñar con creatividad su estrategia como nación ante las necesidades internas más urgentes y estratégicas.

En México aún cargamos con lastres económicos y sociales a causa de un desorden interior y a modelos económicos excluyentes que han agudizado problemas estructurales como la pobreza, llevando también a amplios sectores de la población fuera de la vida institucional, esto ha generado las condiciones para el incremento de las actividades económicas ilícitas como el crimen organizado y la consecuente violencia criminal y política que hemos padecido en las últimas décadas.

EE.UU. ha sido históricamente nuestra principal ocupación en política exterior, razones históricas existen de sobra, y también ha sido, sobre todo, nuestra principal relación comercial económica y diplomática por obvias razones; sin embargo, ahora estos cambios y la re-configuración del orden internacional nos exigen mirar más allá de nuestra frontera norte, pues la realidad de México y del mundo ya cambió, continuará modificándose y debe ser bien aprovechada.

Asia, en especial China, puede y debe ser una opción más para México, y con ello, el Gobierno actual y los próximos deben comenzar a desempeñar una política exterior más activa, pero sobre todo estratégica, para evaluar las ventajas y desventajas de abordar la nueva ola asiática. De la misma manera, México debe aprovechar mejor todo lo ya logrado en materia comercial y diplomática en sus relaciones con los países de la Unión Europea, pues aún no se han aprovechado del todo el conjunto de mecanismos de cooperación y tratados que también representan un nicho de oportunidad importante, y ahora más que nunca, las relaciones tan profundas por razones históricas deben ser aprovechadas.

En lo que respecta a nuestro Tratado de Libre Comercio con América del Norte, es previsible que el estilo y la nueva visión que se instalará en la Casa Blanca, probablemente no nos favorecerá, por lo que México deberá determinar que, aunque parezca dramática dicha situación, si no es con la Norteamérica de Trump, podemos aprovechar la visión que de ella ofrece nuestro otro aliado Canadá, por lo que nuestro otro socio comercial más importante en la región, puede ser un aliado estratégico para sostener el proyecto de una América del Norte aliada a los intereses y necesidades de México.

Por estas razones, Donald Trump representa uno de nuestros mayores desafíos como nación, y podrá poner en entredicho el desarrollo de México en distintos aspectos, pero sobre todo, creo que todo eso representa nuestra mayor oportunidad como país, para entender de una vez por todas, que podemos hacer más por nosotros mismos, que debemos proyectar nuestros valores, principios e intereses a otras latitudes en las que podemos encontrar nuevos aliados que nos ayuden a fortalecernos, y que podemos dotarnos de nuevas herramientas ante desafíos comunes que compartimos con otras naciones del mundo. Se trata, insisto, de pensar y actuar estratégicamente con un proyecto de nación consolidado.

Los Estados Unidos de América permanecerán al norte de nuestra frontera, ahí estarán aún cuando Trump tenga que dejar la presidencia en algún momento; por ello somos nosotros quienes debemos definir cómo queremos ser, en dónde queremos estar y que rol queremos tener con nuestro vecino país cuando Trump se haya marchado.

 

La Cuarta Revolución Industrial (video)

La cuarta revolución industrial está relacionada con la robótica, que jugará un papel trascendental en los próximos años, como el que tuvo la máquina de vapor durante la Revolución Industrial.

El 70% de los ejecutivos tiene expectativas positivas sobre la cuarta revolución industrial, así lo reveló el Barómetro Global de Innovación 2016 de General Electric (GE).
Según el estudio, los mercados emergentes, principalmente en Asia, son los que están adoptando una innovación más disruptiva que sus similares en las economías desarrolladas.

Empresarios y ciudadanos están de acuerdo en que las compañías más innovadoras son las que crean mercados o productos totalmente nuevos, en lugar de mejorar o reiterar los ya existentes.

Sin embargo, una parte de los empresarios teme quedarse atrás debido a que la tecnología evoluciona más rápido de lo que pueden adaptarse, y otros favorecen un enfoque incremental a la innovación que mitiga este riesgo.

Un 81% de los ejecutivos dijo seguir luchando para conseguir ideas radicales, y sólo 24% siente que su empresa está funcionando de manera correcta y adaptándose rápidamente a las tecnologías emergentes, sintiendo la presión del ‘darwinismo digital’.

Nanotecnologías, inteligencia artificial, drones e impresoras 3D serán artífices de la ‘Cuarta Revolución Industrial’, según el Foro Económico Mundial de Davos. Además estimó que esta revolución podría acabar con 5 millones de puestos de trabajos en los 15 países más industrializados del mundo.

Fuente: http://www.forbes.com.mx/7-de-cada-10-empresarios-ve-positiva-la-cuarta-revolucion-industrial/