Trump: La oportunidad para México

La era Trump está por comenzar y con ella una nueva era en las relaciones entre los Estados Unidos de América, México y el mundo. La mayoría de los mexicanos hemos caído en una especie de neurosis ante el arribo de Donald Trump, sin embargo, hemos dejado de lado que no somos el único país amenazado, y un conjunto de países alrededor del mundo se encuentran más preocupados por los anuncios del próximo presidente norteamericano en materia de política exterior: los países de la Unión Europea, Europa del este, Asia, en especial China, y muchos otros han emitido signos de preocupación ante el aparente proceder de Trump, que pondría en riesgo los mercados internacionales, sus economías nacionales e incluso la viabilidad del desarrollo mismo de esos Estados. Tal es el caso de los países que se enfrentan a los intereses expansionistas de Rusia, que como en los casos de Crimea y Ucrania, la Rusia de Putin ha demostrado su poder e intención de invadirlos y controlarlos, escenario probable si Trump cumple sus advertencias de abandonar su rol preponderante en las fuerzas de coalición militar internacional de la OTAN, de la cuál dependen ampliamente los países de Europa del este.

Por ello, el escenario internacional ante el que nos enfrentamos en México es al de una nueva era de re-configuración geopolítica y de alineación de intereses en el mundo, y esto presenta por supuesto posibles desafíos pero también abre nuevos horizontes de oportunidades para México, pues cuenta con una posición geopolítica envidiable y cuenta con elementos internos atractivos para distintos mercados e inversiones. Tal alineación de intereses con otras naciones, fuerzas económicas y geopolíticas podría poner a México en una posición de fortaleza frente a nuevas negociaciones de tipo comercial y diplomático con EE.UU. y reducir las desventajas de la relación asimétrica.

Sin embargo, las amenazas hechas durante la campaña de Trump, y ante la incertidumbre que representa su tipo de liderazgo, probablemente podrán afectar las ventajas que México podría obtener en materia comercial, de seguridad y migración; en gran parte dependerá de la capacidad de los tomadores de decisiones del actual Gobierno de México y de que el país y sus instituciones logren sortear la elección presidencial venidera de 2018. Pero sobre todo, estos posibles escenarios nos sitúan como país ante la disyuntiva de repensar la relación bilateral, elegir si queremos continuar bajo las mismas premisas y estrategias hasta ahora realizadas pero que tuvieron origen en una época distinta, o reflexionar y rediseñar nuevas estrategias y maneras de proceder que nos aseguren un rol determinante en la arena internacional, y con ello minimizar o reducir los riesgos que traería la presidencia de Trump para México.

En otros escenarios y latitudes geopolíticas, China se ha erigido desde hace varios años, en una potencia emergente en todos los sentidos, que a pesar de la fuerza con la que ha despertado el gigante asiático, ahora comienza a enfrentar los signos de su desaceleración económica. Recientemente la voz del todopoderoso presidente Chino, Xi Jinping, se hizo escuchar en el Foro Económico Mundial (WEF) de Davos, Suiza, pronunciándose a favor del libre comercio y llamando a la comunidad internacional a aprovechar con nuevo ímpetu, a las fuerzas de la globalización para que esta beneficie a la mayor población posible en el mundo. Paradójicamente el país menos liberal y donde más se restringen las libertades políticas, ahora se posiciona como el nuevo portavoz del libre comercio, ante una eventual postura aislacionista y nacionalista de los EE.UU.

En el caso de Rusia, y bajo el liderazgo del autócrata Vladimir Putin, la estrategia que ha desplegado es la de aprovechar cada una de las nuevas oportunidades que ofrecen los escenarios internacionales actuales, para con ello consolidar su papel preponderante en un orden internacional multipolar, donde EE.UU. y los países de la Unión Europea, han ido dejando espacios o procurando que éstos no sean los únicos en llevar el tono cantante de las decisiones globales. Por otro lado, en una manera sorpresiva e inusitada, el Reino Unido ahora se encuentra abandonando la Unión Europea, rediseñando de facto así su rol en el orden internacional y replanteando las estrategias para afrontar un cambio de época que la afectado a lo interno y externo; dicho capítulo geopolítico representará un cambio histórico para Europa en su conjunto y aún con definiciones inciertas de qué sucederá o cómo afectara al proyecto de la Unión Europea.

Volviendo al caso de México, es necesario que sus líderes y tomadores de decisiones piensen y actúen de forma estratégica, pues así como otros países lo están haciendo, debe reflexionar sobre sus objetivos nacionales, los intereses que deberá desplegar y replantear su política exterior, entre otros elementos del potencial del Estado. La mirada debe centrarse en el mediano y largo plazo, considerando las variables geopolíticas que hemos mencionado, procurando entender lo que está sucediendo en el entorno global y rediseñar con creatividad su estrategia como nación ante las necesidades internas más urgentes y estratégicas.

En México aún cargamos con lastres económicos y sociales a causa de un desorden interior y a modelos económicos excluyentes que han agudizado problemas estructurales como la pobreza, llevando también a amplios sectores de la población fuera de la vida institucional, esto ha generado las condiciones para el incremento de las actividades económicas ilícitas como el crimen organizado y la consecuente violencia criminal y política que hemos padecido en las últimas décadas.

EE.UU. ha sido históricamente nuestra principal ocupación en política exterior, razones históricas existen de sobra, y también ha sido, sobre todo, nuestra principal relación comercial económica y diplomática por obvias razones; sin embargo, ahora estos cambios y la re-configuración del orden internacional nos exigen mirar más allá de nuestra frontera norte, pues la realidad de México y del mundo ya cambió, continuará modificándose y debe ser bien aprovechada.

Asia, en especial China, puede y debe ser una opción más para México, y con ello, el Gobierno actual y los próximos deben comenzar a desempeñar una política exterior más activa, pero sobre todo estratégica, para evaluar las ventajas y desventajas de abordar la nueva ola asiática. De la misma manera, México debe aprovechar mejor todo lo ya logrado en materia comercial y diplomática en sus relaciones con los países de la Unión Europea, pues aún no se han aprovechado del todo el conjunto de mecanismos de cooperación y tratados que también representan un nicho de oportunidad importante, y ahora más que nunca, las relaciones tan profundas por razones históricas deben ser aprovechadas.

En lo que respecta a nuestro Tratado de Libre Comercio con América del Norte, es previsible que el estilo y la nueva visión que se instalará en la Casa Blanca, probablemente no nos favorecerá, por lo que México deberá determinar que, aunque parezca dramática dicha situación, si no es con la Norteamérica de Trump, podemos aprovechar la visión que de ella ofrece nuestro otro aliado Canadá, por lo que nuestro otro socio comercial más importante en la región, puede ser un aliado estratégico para sostener el proyecto de una América del Norte aliada a los intereses y necesidades de México.

Por estas razones, Donald Trump representa uno de nuestros mayores desafíos como nación, y podrá poner en entredicho el desarrollo de México en distintos aspectos, pero sobre todo, creo que todo eso representa nuestra mayor oportunidad como país, para entender de una vez por todas, que podemos hacer más por nosotros mismos, que debemos proyectar nuestros valores, principios e intereses a otras latitudes en las que podemos encontrar nuevos aliados que nos ayuden a fortalecernos, y que podemos dotarnos de nuevas herramientas ante desafíos comunes que compartimos con otras naciones del mundo. Se trata, insisto, de pensar y actuar estratégicamente con un proyecto de nación consolidado.

Los Estados Unidos de América permanecerán al norte de nuestra frontera, ahí estarán aún cuando Trump tenga que dejar la presidencia en algún momento; por ello somos nosotros quienes debemos definir cómo queremos ser, en dónde queremos estar y que rol queremos tener con nuestro vecino país cuando Trump se haya marchado.

 

El G20 y la ansiedad global

El G20 y sus retos. La cuarta revolución industrial. Efectos económicos, políticos y culturales.

La incertidumbre financiera global ha llevado a la humanidad a la era de la ansiedad, donde los empleos mal pagados, el aumento de la inflación y los precios de los productos son la constante en la economía. En lo que respecta a la democracia, los efectos de la ansiedad colectiva han derivado en la pérdida de confianza en las instituciones políticas, y la democracia pierde cada vez más adeptos.

La actual coyuntura política y económica mundial presenta enormes retos para la gobernanza global: el estancamiento de las economías emergentes, el decrecimiento de las economías desarrolladas, el auge de nacionalismos autoritarios en Europa y Estados Unidos de América, el referéndum por el Brexit en Reino Unido y su efecto desestabilizador en la Unión Europea, las migraciones masivas, la creciente decepción por la democracia en distintas regiones como en Latinoamérica, la caída de los precios del petróleo, el alza de las deudas públicas nacionales, las divergencias en las políticas monetarias de los países desarrollados y los escándalos internacionales por corrupción de gobiernos y empresas como los “Panama Papers” y la impunidad que impera en estos casos.

Después de la crisis financiera de 2008, el modelo financiero de gobernanza global, surgido del Bretton Woods (1944) comenzó a ser cuestionado seriamente. La globalización, que por décadas fue anunciada como la vía más rápida para llevar prosperidad económica a las naciones, también comenzó a ser criticada, pues ni ha logrado sostener niveles de vida dignos para todos, ni ha reducido las brechas de desigualdad, al contrario, éstas han aumentado. En este contexto es que toma fuerza el denominado G20, como foro informal que reúne a los 20 países con las economías más grandes e importantes a nivel internacional, representando el 80% del comercio mundial y más del 86% del PIB.

El G20 se reúne de forma anual y es presidido por un periodo de un año de forma rotativa por uno de los países miembros, y este año es China quien preside las reuniones que se llevan a cabo los días 4 y 5 de septiembre en la ciudad de Hangzhou, provincia de Zhejiang. La agenda de esta cumbre internacional versa en temas como la regulación y nuevo diseño de una arquitectura financiera global que sea incluyente y que de mayor certidumbre a los mercados internacionales; también hablarán sobre la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de la ONU, el cambio climático, la industrialización de África y en los países menos desarrollados, políticas laborales, seguridad alimentaria, salud, cooperación internacional, terrorismo, y finalmente sobre la relevancia de la innovación, la economía digital y la Cuarta Revolución Industrial.

Más allá de la agenda global a discutir en las mesas de negociación, lo que los líderes mundiales se juegan es la viabilidad de sus países y sus proyectos, tal es el caso de Obama en Estados Unidos de América frente al riesgo que representa Trump, Vladimir Putin en Rusia y Eurasia intenta consolidar un proyecto geopolítico y cultural alternativo frente al establishment de la alianza del Atlántico Norte, para muestra está su actuación en Medio Oriente, la promoción de leyes anti aborto, la prohibición del matrimonio igualitario y la adopción por parejas del mismo sexo, todo lo contrario a lo que promueven sus contrapartes europeos y americanos. Por otro lado, China que avanza cada vez más con pasos de gigante con la fuerza del comercio internacional, pero con la debilidad de un mercado interno anémico.

Como ya lo hemos comentado en anteriores colaboraciones, el motor fundamental del siglo XXI será el talento humano, es decir, las personas y no los flujos de capital. Por esta razón la mayor crisis que enfrentará Europa es la falta de población identificada con occidente (culturalmente hablando), frente a las olas de migración masiva de poblaciones de orígenes y claves culturales completamente distintos, que no pretenden adaptarse ni a las instituciones democráticas ni a los valores occidentales sobre las cuales se sostienen. El problema de Europa es demográfico, después será político y finalmente cultural. Por ello surgen las reacciones políticas nacionalistas como el Brexit en Reino Unido o los partidos identitarios como Alternativa para Alemania (AfD) que ha desplazado al partido gobernante de la canciller alemana Angela Merkel, o Le Manif pour Tours y el Front National en Francia.

Estamos siendo testigos del cambio de época que suscita acciones y reacciones alrededor del mundo. La ciencia, la tecnología, la innovación, la economía, la política y la cultura están siendo tan relevantes, todas al mismo tiempo, que es necesario comprender su interconexión y habituarnos a dar respuestas en todos esos ámbitos de la vida humana, para proponer soluciones holísticas e integrales.

Hasta la próxima colaboración…

Twitter: @jonathanmaza

Brexit y la nueva globalización fragmentada

 

En el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte (RU), el 52% del electorado que se presentó al referéndum votó a favor de la salida de la Unión Europea (UE). Sin embargo las expectativas y las dudas sobre cuáles serán los efectos que esto provoque han generado incertidumbre tanto en las personas del RU, el resto de Europa y el mundo.

Yo me he preguntado si acaso no nos encontramos en los albores de un nuevo mundo fragmentado en medio de la globalización «hiperconectada». ¿Cómo será este «nuevo mundo» y cuáles serían sus consecuencias? ¿Es posible la globalización en este nuevo mundo?

La crisis financiera y del resfriado a la neumonía económica.

A corto plazo los mercados internacionales ya han reaccionado negativamente, pues los inversionistas ven incertidumbre, y está es enemiga de las inversiones estables. Por esta razón las bolsas de valores en Asia y Europa cayeron al día siguiente del Brexit, provocando por supuesto la depreciación de la libra frente al dólar, que consiguió los beneficios ante a la incertidumbre de los inversionistas internacionales. Algunos expertos estiman que los efectos económicos aún están por venir, al menos para RU se espera una recesión económica y el aumento de la inflación, síntomas de un resfriado que puede convertirse en neumonía económica y tal vez contagiar al resto de las economías europeas.

Los británicos nunca han sido confiables

En lo político el Brexit significó la derrota del Primer Ministro David Cameron y su subsecuente salida del gobierno. Ya lo hizo público afirmando que no podía ser él quien guié al país al nuevo destino que ha elegido. Por otro lado las consecuencias geopolíticas pueden ser de mayor calado, provocando un aislamiento no sólo económico sino también político; las expresiones de algunos miembros del parlamento Europeo ya han dado muestra de su disgusto frente a esta nueva realidad británica, algunos incluso recordando que el RU nunca fue un Estado confiable y que para muestra de ello bastaba recordar que nunca quisieron la unidad monetaria, manteniendo ellos la libra y desdeñando el euro.

El rencor ciudadano 

Un dato importante que hay que comentar sobre el Brexit es que el referéndum no es vinculante, es decir el parlamento podría desecharlo votándolo en contra, sin embargo eso significaría que los políticos británicos rechazaran la voluntad de más de 17 millones de ciudadanos en un país donde votaron más de 33 millones de habitantes.

Los datos demográficos y electorales apuntan a que fueron los adultos mayores, las clases medias y obreras en poblaciones rurales quienes más votaron por la salida «Brexit», mientras que los más jóvenes, las poblaciones urbanas y con mayores niveles educativos, la generación «millenial» optaron por favorecer la permanencia en la UE. ¿Qué nos dice esto? Hoy el Reino Unido es el más dividido de su historia, pues el país está partido en dos, por un lado los más viejos que creyendo que la salida es regresar a las épocas de «gloria» británica del siglo XIX y del siglo XX, y por el otro las generaciones más jóvenes que ven con frustración coartadas sus esperanzas y beneficios que les ofrece la integración económica y laboral con la Unión Europea y la globalización.

La corrupción y el alejamiento de la clase política de los ciudadanos, de sus demandas y necesidades, pudieron ser el caldo de cultivo para que políticos populistas aprovecharan la coyuntura y promover el Brexit, con argumentos como el de «recuperar las viejas glorias del pasado británico». Pero también la situación económica europea favoreció este clima de descontento ciudadano, pues la percepción es de que al país le tocaba cargar con los problemas europeos que no le correpondían, como la crisis financiera, migratoria y de seguridad. Esto podría explicar de alguna manera porqué los más viejos, las clases medias que se han visto desfavorecidas y por supuesto las mezclas ideológicas de los nuevos nacionalismos apoyaran el Brexit.

Populismos «neo-nacionalistas» everywhere.

Una mezcla de ignorancia económica y de populismo neo-nacionalista en la mayor parte de la población adulta generó un binomio para la tormenta perfecta. Lo grave del asunto es que se comienzan a respirar los mismos humos en otras naciones europeas: Holanda y Francia ya han anunciado sus intenciones de separarse de la Unión Europea, y no han sido sus gobiernos actuales quienes impulsan dicha agenda, sino los líderes de oposición política de corriente nacionalista y con tintes populistas. Veremos en próximos meses el efecto dominó en el resto de Europa, así como dentro de los mismos países en casos de regiones que considerarían seguir el camino de independizarse de los gobiernos nacionales, como el caso de Cataluña en España, Irlanda del Norte y Escocia en el mismo Reino Unido por mencionar algunos ejemplos.

Esto significa un duro golpe al establishment político global, y cada vez se hacen más evidentes los surgimientos de populismos y neo-nacionalismos en todo el mundo desarrollado tanto de izquierdas o derechas, como es el caso de los Estados Unidos de América con Sanders por un lado y Trump por el otro. Estamos presenciando que los discursos políticos fáciles, dotados de una fuerte tendencia a «satisfacer» los más viscerales deseos de la población mayoritaria se convierten en la regla de la oferta política, porque son esas mayorías deseosas de venganza, revanchas o simples deseos irracionales las que garantizan los triunfos electorales mientras se les hable de lo que quieren oír. Por ello comienza a preocuparme el sentido que le estamos dando a nuestras democracias en el mundo.

Ya lo decía Winston Churchill: «El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.» Y lamentablemente ni el Primer Ministro David Cameron, ni Donald Trump o la mayoría de los políticos en el mundo se acercan siquiera a ser un verdadero estadista, son solo productos electorales que se consumen y se desechan por uno nuevo que satisfaga las necesidades del consumidor-elector.

El otro problema que percibo y que nos habla de la calidad de las democracias occidentales versa en la calidad de sus ciudadanos. Hoy los británicos nos dieron una clara muestra de que ni en las sociedades «desarrolladas» se salvan de las opciones políticas mesiánicas y populistas. ¿Qué será de los países democráticos cuándo la mayoría de sus ciudadanos crean que la eutanasia, el aborto y la pena de muerte deben ser leyes? ¿Qué será de las democracias cuándo la mayoría de sus ciudadanos opinen que es condenable quién piensa diferente por tener una convicción religiosa o moral? Hoy es el Brexit, mañana la xenofobia y el racismo. Pero pasado mañana será la sostenibilidad de cualquier pueblo: la vida misma, su dignidad y la verdadera libertad humana.

Frente a la «globalización fragmentada» se abre un nuevo horizonte que presenta un reto y una oportunidad. El reto de la globalización está en darle sentido y contenido, más allá de la pura economía, y la oportunidad debe apuntar hacia la valorización del ser humano, de la vida, del entorno de «nuestra casa común» y la libertad responsable.

«La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás.» Winston Churchill.