CiberMéxico: Resiliencia en el ciberespacio

Jonathan Maza presenta en este episodio del podcast Un Extraño Enemigo, la conversación con el Dr. Arturo García Hernández, Gerente de Seguridad en Tecnologías de la Información en el Banco de México, acerca de la ciberseguridad y el ciberpoder nacional, a través de lo que él denomina la ciber-resiliencia como modelo para garantizar mejores condiciones de adaptación, preparación y seguridad en el ciberespacio de un país.

Arturo García es uno de los más importantes especialistas y expertos en ciberseguridad en México, estudió una Maestría en Sistemas Distribuidos por la Universidad de Kent, Inglaterra, y otra en Seguridad Nacional otorgada por la Universidad Naval en México. Además, obtuvo el grado de Doctor en Defensa y Seguridad Nacional con mención honorífica en la misma institución, especializándose en ciber-resiliencia de las infraestructuras críticas.

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Analfabetismo digital: un riesgo para la seguridad y desarrollo nacionales

Operación Estratégica es una columna publicada originalmente en https://idemocraci.org/

Una tormenta económica se avecina a nivel global, las estimaciones de una recesión son prácticamente un hecho que han dado por contado los especialistas económicos y financieros en todo el mundo. 

La guerra en Ucrania, con ella las consecuencia de la alta volatilidad de precios de productos energéticos en los mercados, la creciente inseguridad alimentaria de muchos países, así como los efectos post-pandemia en las economías nacionales, además de las afectaciones que ha traído la confrontación geopolítica y comercial entre las potencias tecnológicas a las cadenas de suministro de bienes de consumo, continúan ensombreciendo el panorama económico.

Para un país como México, el año 2023 y por lo menos hasta el 2025 no habrá una recuperación económica al ritmo y niveles previos a la pandemia. Sin embargo, eso no es lo más importante, pues lo que no supimos o pudimos hacer durante la crisis pandémica para recuperarnos cuando terminara, ya es cosa del pasado.

Los verdaderamente importante ahora es lo que estamos haciendo hoy (o lo que aún nos falta por hacer), para preparar al país y al talento humano (la fuerza laboral) en la nueva era del orden geoeconómico que se caracterizará esencialmente por la digitalización de prácticamente casi todas las actividades humanas, especialmente las relacionadas a la producción industrial y de servicios, actividades económicas de las que depende prácticamente toda nuestra economía y el sostenimiento del desarrollo y la seguridad nacional.

La economía mexicana está orientada a las exportaciones, a través de lo que se produce en las industrias, como por ejemplo las manufacturas del sector automotriz y el sector servicios vinculados a las industrias que requieren de talento altamente especializado, de servicios profesionales, técnicos y científicos.

Según estimaciones de organismos como el Foro Económico Mundial, se podrían perder 85 millones de puestos de trabajo a nivel global debido a la automatización en los próximos tres años, en más de una docena de industrias. Al mismo tiempo, es probable que surjan 97 millones de nuevos puestos de trabajo mejor adaptados al futuro del trabajo que requerirán de nuevas habilidades digitales. 

Si consideramos que, aproximadamente 20 millones de mexicanos son los que trabajan en las actividades económicas de las que depende el 96% de la economía nacional. ¿Acaso hemos dimensionado el nivel de riesgo que representa la pérdida de esos empleos si no preparamos a la fuerza laboral que la nueva economía digital y las industrias hiper digitalizadas requerirán para los próximos años?

Las principales economías del mundo, ahora están enfrentando el enorme reto de preparar a su población para el futuro del trabajo y la digitalización. Por ejemplo, se espera que para el año 2028, si no pueden cerrar la brecha de habilidades digitales, países como India, Sudáfrica y México se verán especialmente afectados. También lo harán los grupos que menos pueden permitirse la pérdida económica: mujeres, personas mayores, minorías raciales y étnicas y personas que viven en áreas rurales.

Ante el nuevo desafío venidero, un verdadero esfuerzo de “movilización nacional“ sería encontrar las áreas de oportunidad y de terreno común con las empresas, en su mayoría de capitales extranjeros, para volverse aliadas en la preparación del talento digital necesario, mediante una estrategia nacional digital que incluya y coordine los esfuerzos de formación de dichas habilidades digitales.


La presencia en nuestro país de programas de empresas tecnológicas para la formación de talento y habilidades digitales en la población, como Amazon a través de AWS Academy, Siemens con su exitoso programa de Formación Dual, Microsoft con su programa Skills for Job y Huawei a través de su iniciativa Tech4All que contempla programas exitosos como “Semillas para el Futuro“ y Huawei Academy, son un elemento clave que deben ser considerados como aliados para México ante los cambios en la estructura del futuro del trabajo en las industrias de las cuales depende el desarrollo nacional.

Nivel operacional: Recomiendo revisar lo abordado en el reciente evento de Huawei Latinoamérica “LAC ICT Talent Summit 2022“ que tuvo como sede la Ciudad de México en la última semana de noviembre, evento que reunió a legisladores, empresas y universidades entorno al tema del talento digital como clave del nuevo crecimiento económico. El evento fue organizado junto con UNESCO, la agencia EFE con apoyo de la máxima casa de estudios de México, la UNAM. https://youtu.be/o7b6eaUNqQM?t=4786

La urgencia democrática

Vivimos tiempos caóticos en los cuales las certezas de antes parecen ya no sostenerse con la realidad imperante, sin embargo, los anhelos por la restauración de esas viejas certezas animan a muchas personas a buscar refugio en las banderas que se izan como la única opción mágica que nos salvará del caos.

Algunos analistas internacionales hablan del cambio de época, otros atribuyen la naturaleza de este cambio al surgimiento de una nueva revolución tecnológica, pero lo que es cierto es que sea cual sea su origen todos estamos percibiendo que los gobiernos, las empresas y en general las organizaciones ya no son los únicos actores relevantes en la toma de decisiones, incluso en la gestión del poder.

Las pequeñas organizaciones integradas por personas comunes cada vez suelen ser más efectivas en disputarle el poder a las grandes organizaciones tanto en los ámbitos de la política, la economía, la religión y la milicia.

Hoy el cambio de época que ha traído como consecuencia a más personas cada vez más conectadas, más informadas y más activas son quienes a través de pequeñas y medianas organizaciones pueden realizar acciones con una contundencia que antes solo se les atribuía a los gigantes económicos y a las organizaciones sociales con mucho financiamiento.

Sin embargo, también es verdad que estos beneficios de una sociedad hiperconectada e informada no han sido para todos, aún persisten grandes mares de miseria en donde personas sin acceso a nada de estos beneficios de la globalización, permanecen en las condiciones más deplorables tanto materiales como espirituales.

Las desigualdades persisten incluso entre distintas clases en la vida urbana de muchas ciudades del mundo, y en regiones como en América Latina son notorias estas desigualdades de vida y oportunidades.

El anhelo de orden en medio del caos, y de justicia ante las desigualdades suelen ser ideas que casi todas las personas compartimos, pues a quién no le interesaría vivir en una ciudad o en un país justo, donde haya igualdad de oportunidades, donde no tengas que temer por tu seguridad ni la de tu patrimonio.

Sin embrago, en sociedades en donde estos anhelos no se ven reflejados en la realidad son el caldo de cultivo para problemas mucho más graves como la destrucción del tejido social, la falta de organización social, la poca participación de los ciudadanos en la vida pública, el abandono de la política a merced de oportunistas, y finalmente la destrucción de la democracia como la idea de forma de convivencia cívica y política.

La urgencia democrática pasa por la urgencia de la auto organización de las personas, pero antes por renovar el espíritu que anima a que nos volvamos a reconocer los rostros de unos con otros, volver a reencontrarnos porque los problemas comunes son de todos, míos y de mis vecinos.

Sin la posibilidad de re-unirnos en las cosas públicas que nos afectan, la urgencia ya no será la de construir la democracia y mejorarla, sino de evitar la instauración de la sed autoritaria de los millones de decepcionados con ella. Considero que no es necesario comenzar la construcción de una organización nacional gigantesca, sino de pequeñas organizaciones que desde lo local reconstruyan el espíritu de toda una nación, que le disputen el poder a los gigantes oportunistas que se adueñan de la política y nos devuelvan la esperanza.