Quiero compartir contigo una reflexión personal este día, porque me parece que es uno de los días más importantes de nuestras vidas como ciudadanos, como nación, y que seguramente marcarán nuestra vida personal, te explico por qué pienso esto.
Cuando el próximo presidente de la República termine su periodo de gobierno, yo tendré 36 años, y sueño que al llegar a esa edad me encuentre felizmente casado y quizás en haberme convertido en padre.
También sueño con ser un empresario exitoso, no pienso tanto en el dinero, sino más en la satisfacción de poder vivir de mi propio esfuerzo, hacer lo que me gusta, darle una vida mejor a mi familia, y contribuir de otra forma a mejorar mi país generando empleos y tener una familia más grande de amigos y colaboradores con quienes compartir ese anhelo de un México mejor para todos.
A esa edad me gustaría vivir en un lugar sencillo, sin lujos materiales pero con la tranquilidad de una vida segura, se que suena casi a pedir un milagro en un país tan desigual, desgarrado por la violencia, el crimen y la impunidad, pero eso quiero para mi y para los mexicanos.
A los 36 años quiero estar listo para aportar mucho más a mi país, porque de verdad lo digo con todo el corazón en las manos, le tengo un profundo amor a México, mi país, a los lugares grandes y pequeños, majestuosos y simples que he podido conocer de el.
Nací y crecí en tierra de gente de temple y carácter recio, echada pa’delante como decimos en Jalisco, viajé por el pacífico de niño y por un breve tiempo me instalé en la aquella entonces tranquilidad de Baja California Sur, para más tarde llegar a la algarabía y el calor de Tabasco. Mi último recorrido más reciente ha pasado entre la joya del barroco de Puebla y la intermitencia en la Ciudad de México.
He visto en esos recorridos en carreteras, y en aquellos a donde por alguna razón he podido viajar, belleza, riqueza, valor, pero también pobreza, muchísima desigualdad, personas tristes o resignadas a «vivir la vida que les tocó vivir», algunos con mucha rabia y resentimiento por esa vida.
También he conocido personas adineradas, muy buenas personas algunas de ellas, conscientes de sus privilegios y de su responsabilidad para con los demás, pero también lamentablemente he conocido gente egoísta, asentada en la comodidad de sus privilegios sin la menor intención de ayudar a quienes menos tienen.
La vida y la política en México son casi simbióticas, pues aunque a muchos no les interesa, la realidad es que todas las cosas que nos pasan en la vida, si bien dependen de las propias decisiones personales y de las circunstancias más íntimas, mucho depende también de la configuración del entorno donde vivimos, donde somos, es decir, de la vida común que compartimos lo queramos o no.
Hoy vivimos en un país con muchos contrastes, en donde a mi me duelen las heridas sociales porque nos dividen y nos encierran en el egoísmo de nuestra comodidad y de nuestros miedos; a los pobres en el determinismo en el que se ven sumidos, y a algunos «clasemedieros» en su inmovilidad por comprometerse a algo más que solo producir para sí mismos, y en algunos ricos en el triste egoísmo de la avaricia.
Por eso votar hoy no solo es mi derecho, tampoco solo un gran privilegio porque ha costado muchísimo tenerlo, sino una gran responsabilidad. Cuando tenga 36 años (si es que Dios me lo permite) quiero vivir en un país más justo donde de verdad la prosperidad sea sinónimo de desarrollo compartido, uno más pacífico donde la seguridad no signifique más armas sino solidaridad y reconstrucción del tejido social.
Un país en donde hoy me comprometo a trabajar por ello, saliendo a votar libremente y en congruencia con lo que para mi es más importante y urgente, pero también me comprometo a trabajar cada uno de los más de 2,300 días próximos para que cuando termine el próximo gobierno, no sea el irresponsable en señalar con un dedo lo que probablemente también dependía de mi.
No quiero ser un cobarde para mi familia, ni para mi país. Quiero construir la esperanza en el presente porque la única manera de predecir el futuro es construyéndolo aquí y ahora.
¡Viva México!
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